24 septiembre, 2020

¿Qué es un densímetro y para qué sirve?





Podemos ver una infinidad de aparatos y gadgets que los cerveceros tienen en sus casas y que hacen toda clase de cosas que no comprendemos y ese es uno de los factores que termina por intimidar a los principiantes. ¿Qué accesorios son absolutamente necesarios y cuáles son opcionales?

Primero vamos a dejar nuevamente algo en claro, no se necesita un equipo de alta tecnología para hacer una buena cerveza, solamente comprender bien el proceso y una buena técnica. Lo que hacen los accesorios y aparatos es ayudar al cervecero con labores repetitivas o tediosas, sirven para simplificar el proceso.

Por esta razón, vamos a comenzar con el primer accesorio "opcional" que todo cervecero debería considerar como un buen comienzo: un densímetro.

¿Qué es un densímetro?




Su nombre lo delata un poco. En términos sencillos, un densímetro es un aparato que se utiliza para medir la densidad de un líquido, midiendo la cantidad de azúcares que nuestro mosto posee. Siendo la medida de referencia el agua pura, que no contiene ningún tipo de sólidos ni azúcares.

Escala


Por costumbre, los densímetros utilizados por los cerveceros de casa vienen graduados en una escala llamada Gravedad Específica. En esta escala, el agua pura tiene una gravedad específica de 1.000 y el mosto promedio usualmente tiene entre 1.040 a 1.060.

Existen también otras escalas: brix y plato que, aunque no son muy comunes entre cerveceros caseros, se utilizan por profesionales y vamos a hacer lo posible por utilizar Plato como medida de densidad de aquí en adelante.

Importancia de las mediciones


Medir la densidad del mosto antes, durante y después de la fermentación no es una actividad que se deba tomar a la ligera.

Esto es lo que nos asegura mantener un control cercano de nuestra cerveza y calcular los tiempos necesarios para cada uno de los pasos que debemos tomar, así evitamos las "reglas de dedo" y nos adentramos más en hacer una cerveza de forma correcta.

Al medir la densidad y el volumen de nuestro mosto, tendremos los datos necesarios para calcular la eficiencia con la que estamos extrayendo los azúcares de la malta, con lo que podemos medir si nuestras técnicas son correctas o si debemos hacer algunas mejoras. 

Además, al medir la densidad durante la fermentación, también podemos determinar el momento preciso en el que la fermentación ha concluido,  de forma que podemos utilizar el tiempo de forma más eficiente y evitamos adivinar o calcular,  por lo que nuestro proceso y nuestro producto se ve ampliamente beneficiado.

Al alcanzar la densidad final,  es decir,  al haber pasado al menos 3 días la cerveza sin mostrar ningún cambio en la lectura,  se puede determinar,  no solamente el final de la fermentación sino la cantidad total de alcohol que la levadura ha producido.

El densímetro es una alternativa barata y eficiente para nuestras necesidades. Usualmente se encuentran en el rango entre $10-$15 y son fácil de encontrar en tiendas de suministros de cerveza o de laboratorio.

Lectura de un densímetro


El densímetro es básicamente un cilindro sellado graduado con un peso en la parte de abajo que modifica la flotabilidad.

El cilindro se hundirá si no hay muchos azúcares y flotará más mientras más azúcares existan en el líquido.

Debemos buscar la escala correcta, por ejemplo, si queremos utilizar brix o Plato, buscamos esta escala en el densímetro. No todos los densímetros tienen más de una escala, algunos vienen exclusivamente calibrados en Plato o en Gravedad Específica, por lo que debemos prestar atención cuando los compremos.

El densímetro necesita poder flotar en algo, por lo que se utiliza un tubo que tenga la capacidad por lo menos de contener el densímetro completamente. Usualmente para los densímetros caseros se utiliza un tubo de 100ml de capacidad aunque los profesionales pueden utilizar hasta 500ml por ser los instrumentos más grandes para aumentar su exactitud.

Otra consideración que debemos tener es que el densímetro está calibrado a una temperatura específica. Usualmente la temperatura es de 20° pero a veces es de 25°, por lo que debemos tomar esto en cuenta en el momento que lo compremos. Si no hay ninguna información sobre la temperatura de calibración, asumamos que está calibrado a 20°C.

Esto significa que cuando estamos haciendo cerveza, no podemos tomar muestras calientes, debemos primero enfriar la muestra hasta la temperatura que nuestro densímetro funciona correctamente. También cabe mencionar que si usamos un tubo de plástico, no debemos agregar mosto hirviendo porque lo podemos derretir, algo que le sucede a muchos cerveceros principiantes.

Cuando tengamos la muestra en el tubo y a temperatura ambiente, procedemos a introducir el densímetro y hacemos que gire hasta que se detenga en un nivel. Este movimiento se hace para evitar que se quede pegado a las paredes del tubo y arroje una lectura incorrecta.

También debemos tener mucho cuidado de que el tubo se encuentre en una superficie nivelada para evitar que roce con las paredes.

Cuando el densímetro finalmente se detiene, entonces bajamos la vista al nivel del líquido y tomamos nota del número que aparece en el nivel. 

La tensión superficial del agua crea unas pequeñas curvaturas en la cercanía del densímetro, pero debemos leer el número que se encuentra en el nivel del agua.

En el ejemplo siguiente, la lectura correcta de esta muestra es de 12°P.




Alternativas


Una desventaja del densímetro es que necesita muestras relativamente grandes para realizar sus mediciones. Uno relativamente pequeño aún necesita 100 ml de mosto o cerveza.

Definitivamente no es recomendable regresar la muestra para evitar contaminaciones,  por lo que se debe descartar y si tomamos demasiadas muestras podemos ver afectado el volumen final de cerveza que vamos a producir. Especialmente si nuestros lotes son pequeños.

Por ello existe una alternativa a nuestro alcance que permite realizar estas mediciones con una exactitud aceptable y prácticamente sin ninguna pérdida. Esta opción es el refractómetro.

Los refractómetros se utilizan mucho en aplicaciones donde se procesa fruta y en acuarios, por lo que los podemos encontrar en lugares que venden insumos para este tipo de industrias.



La ventaja del refractómetro es que basta con un par de gotas de muestra para realizar una lectura satisfactoriamente,  y la gran mayoría de ellos tienen corrección automática de temperatura (ATC) por lo que no tenemos que estar enfriando la muestra cuando la tomamos,  como en el caso del densímetro.
La desventaja del refractómetro es que la lectura es únicamente válida cuando no existe alcohol en el líquido, es decir,  que no podemos utilizarlo normalmente para medir el mosto en fermentación o la cerveza terminada.

A pesar de ello,  existen fórmulas y calculadoras que utilizan la densidad inicial y la lectura actual para calcular la corrección necesaria y darnos la densidad correcta para nuestros cálculos.  Para usos de un cervecero de casa,  ésto es lo suficientemente certero y podemos trabajar con ello.

La escala de los refractómetros es usualmente Brix, por lo que si no estamos familiarizados con ella, podemos utilizar cualquier herramienta en línea para hacer las conversiones. Existen algunos que vienen el Brix y en Gravedad Específica, pero se han reportado muchísimos casos en que la escala de Gravedad Específica está incorrecta, comprometiendo la certeza de nuestras mediciones, así que yo recomiendo verificar siempre antes de confiar en la escala que trae y una vez lo tengamos en nuestro poder debemos confirmar que la escala sea la correcta utilizando calculadoras para este fin.

La lectura de los refractómetros es sencilla, simplemente colocamos una o dos gotas de la muestra que deseamos medir en la recámara, tapamos la misma con el cubreobjetos integrado en el aparato y apuntamos hacia una fuente de luz. 

La lectura será el número que se encuentre en la línea divisoria entre el color azul y el blanco. Si por alguna razón la línea no es lo suficientemente clara podemos tomar otra muestra.

En este caso, la densidad es de 13.6 brix


Esta simple herramienta nos dará la capacidad de controlar nuestro proceso y darnos la confianza de que todo marcha bien,  quitando el inconsistente trabajo de adivinar o calcular lo que está sucediendo.
Creo que por esta razón,  es indispensable que  una vez tengamos todo el equipo para hacer nuestra cerveza,  un densímetro es el siguiente paso obligatorio.

Además,  esa sensación de científico loco cada vez que se toma una muestra es una de las pequeñas recompensas que nos hacen querer seguir haciendo cerveza todos los fines de semana.

Recuerden que el mejor momento para hacer una cerveza es hace 4 semanas,  pero el segundo mejor momento es ahora mismo.

¡Saludos y salud!


19 septiembre, 2020

Haciendo cerveza con un kit de extracto de 1 galón


Los kits de extracto son la forma más común con la que las personas tienen su primer contacto con el arte de hacer cerveza. Son compactos, relativamente baratos y fáciles de usar, por lo pueden representar una muy buena parada para empezar a hacer cerveza.

Cabe mencionar que no es necesariamente el primer paso que un cervecero debe tomar para aprender a usar cerveza. Se puede comenzar con un equipo más grande si se desea. Pero vamos a discutir estos kits porque se han popularizado bastante y algunas personas ya cuentan con ellos o tienen la facilidad de comprarlos. 

La primera ventaja de estos kits es que viene casi todo lo necesario en una sola caja, quitando el trabajo de comprar varias piezas de equipo y varios insumos, cosa que desanima a muchos principiantes.

Vamos a analizar el contenido de un kit en específico:  Craft Beer Making Starter kit de Northern Brewer
  • Fermentador de 1 galón
  • Tapón con agujero
  • Airlock o trampa de aire
  • Enchapadora y tapitas o corcholatas
  • Ingredientes para la cerveza
  • Etiquetas
  • Tubo para llenado de botellas
  • Desinfectante
  • Manguera
  • Instrucciones
Adicionalmente vamos a necesitar:
  • Olla para hervir de por lo menos 2 galones o 7.5 litros. Idealmente de 10 litros para tener espacio suficiente.
  • Botellas de vidrio con boquilla que no sea de rosca

UNBOXING

La parte más importante de hacer cerveza es disfrutar el proceso.  Abramos nuestro kit como si se tratara de un niño abriendo un regalo de navidad.

El objetivo es asegurarnos que todos los ingredientes y accesorios necesarios vengan en buenas condiciones. En el kit viene una hoja que enumera todo lo que viene en la caja y así nos aseguramos de tener un día de cocinado sin inconvenientes.

PRUEBAS

Lo primero que debemos hacer es poner nuestros ingredientes en refrigeración, pues el viaje muy probablemente no fue amable con ellos. Se deben mantener en el frío hasta el día que los utilicemos.

También es útil probar todos los instrumentos para asegurarnos que funcionan de forma correcta para no llevarnos una sorpresa al momento que las vamos a necesitar. Por ejemplo, armar y llenar el recipiente de fermentación para buscar fugas, probar la manguera y el tubo de llenado y la taponadora con una botella y una tapa para asegurarnos que todo está en orden.

PLANIFICACIÓN

Debemos hacer una lista de todos los ingredientes y materiales que necesitamos para hacer nuestra cerveza, siguiendo los pasos en las instrucciones. Esto significa que debemos tener nuestra olla y todo lo necesario para no tener que salir corriendo a la tienda a última hora.

Tener las cosas que no vienen incluídas en el kit es lo más inteligente en este paso. Por ejemplo, la olla que vamos a utilizar, el hielo ya en el congelador, la paleta que con la que vamos a mover el mosto, etc.

EL DÍA DE COCINA

Aquí vamos a tomar un momento para leer las instrucciones y dejar todo listo para comenzar a hacer nuestra cerveza.

En este caso específico, el kit viene con una receta de una Irish Red Ale.

La receta incluye 4 ingredientes: extracto de malta en polvo, lúpulo, granos molidos y levadura. Todo viene medido exactamente para nuestro lote por lo que no necesitamos hacer más que tener las cosas a la mano.

El extracto de malta nos brindará los azúcar necesarios para que la levadura lleve a cabo la fermentación y nos proporciona el alcohol que esperamos en la cerveza terminada.

El grano molido nos da color y cuerpo en la cerveza, lo cual, por tratarse de una cerveza roja, es indispensable.

El lúpulo nos dará el amargor de la cerveza. En este estilo el amargor es medio a bajo y solo lo agregaremos una vez.

La levadura fermentará el mosto y lo convertirá en cerveza.

Paso número 1: DESINFECCIÓN

Debemos desinfectar nuestro fermentador para evitar que otras levaduras o bacterias fermenten nuestro mosto y compitan con la levadura de cerveza. Si esto ocurre, se dice que la cerveza está contaminada y los productos de las otras fermentaciones nos darán como resultado sabores que no deseamos en nuestras cervezas, como acidez o incluso sabor y olor a huevo podrido. Si la cerveza resultante no huele bien, entonces debemos revisar nuestros procesos de limpieza.

Nuestro kit incluye 2 paquetes con un polvo que funciona como limpiador y desinfectante al mismo tiempo. Para utilizarlo solamente debemos llenar el fermentador con agua tibia, disolver el contenido de 1 paquete en el agua y remover para que se disuelva correctamente. A esta mezcla de desinfectante le agregamos el tapón y el airlock para que también se desinfecten y dejamos el fermentador cerrado mientras cocinamos nuestra cerveza, lo cual nos asegurará que el recipiente y los accesorios estén correctamente desinfectados en el momento de utilizarlos.




Paso 2: Calentar agua


Debemos tener en cuenta que vamos a perder mucho volumen por la evaporación durante el proceso de cocina. 

Por este motivo comenzamos colocando 5 litros de agua en una olla lo suficientemente grande para acomodar este volumen y un poco más en caso nuestro mosto crezca antes de hervir.

Al colocar el agua en la olla encendemos el fuego más alto que nuestra estufa permita y dejamos que empiece a calentar

Paso número 3: colocar el grano molido

Mientras el agua calienta, vamos a remojar los granos molidos que vienen en el kit en el agua para extraer esos aromas y sabores que van a distinguir nuestra Irish Red Ale.

Para esto utilizamos la bolsa (también incluida en el kit), en la cual vamos a agregar los granos y hacerle un nudo al final para evitar que se salgan por toda la olla y nos sea imposible de filtrar.

El grano se saca justo antes de que el líquido empiece a hervir.



Paso número 4: Agregar el extracto

Justo antes de que el líquido llegue a ebullición, se saca la bolsa de grano y se agrega el extracto de malta en seco.

No es necesario pesar nada ni realizar cálculos, pues todo viene exactamente como se necesita. 

La única consideración necesaria es apagar el fuego cuando se agregue el extracto para evitar que se pegue al fondo de nuestra olla. Luego de que esté disuelto correctamente se vuelve a colocar a fuego alto y se lleva a ebullición.

Paso número 5: Agregar el lúpulo

Cuando el mosto comience a hervir, agregamos todo el lúpulo incluido en la receta y comenzamos el conteo regresivo de 60 minutos.

En este punto no es necesario ninguna acción de nuestra parte, solo debemos asegurarnos que el mosto tenga una ebullición adecuada que no sea muy débil pero tampoco muy agresiva como para evaporar todo el líquido al final de los 60 minutos. Un ejemplo de la agresividad esperada se puede encontrar en el vídeo al final de este artículo.



Paso número 6: Enfriamiento

Al pasar los 60 minutos apagamos el fuego e inmediatamente llevamos la olla a un baño de agua fría.

Podemos comenzar con solamente agua y luego de 15 minutos podemos pasar a un baño de agua con hielo.

Debemos dejar el mosto en el agua fría hasta que el mismo llegue a temperatura ambiente.

Este es un paso crítico porque la levadura no puede sobrevivir en un ambiente muy caliente y si no está viva no podrá llevar a cabo la fermentación, dejando que otros microorganismos realicen dicha tarea y creando una cerveza que no será agradable para el consumo.



Paso final: transferencia

Cuando el mosto se encuentre a temperatura ambiente lo debemos transferir con mucho cuidado a nuestro fermentador previamente desinfectado. Aquí nos daremos cuenta que el nivel del líquido pudo haber quedado por debajo de 1 galón, que era lo que esperábamos. Si este es el caso, debemos llenar con agua purificada hasta el nivel deseado.

Finalmente estamos listos para agregar la levadura directamente al líquido. 

Esto finaliza el proceso y estamos listos para iniciar la fermentación.

Debemos colocar el fermentador en un lugar fresco, donde la temperatura no fluctúe demasiado y no tenga exposición a la luz solar directamente.

En unos 15 días estaremos listos para embotellar nuestra cerveza.

EMBOTELLADO

Lo más importante al embotellar sigue siendo la desinfección. Si dejamos que nuestra cerveza se infecte en este paso también tendremos como resultado un producto que tendrá aromas y sabores desagradables.

Debemos desinfectar todos los accesorios como mangueras, llenadora, tapitas y botellas, siguiendo las instrucciones del fabricante del desinfectante que hayamos decidido utilizar.

En el caso de nuestro kit de cerveza, utilizamos el sobre de limpiador y desinfectante para este fin.

Cuando tengamos todo desinfectado y listo, procedemos a llenar cada botella, teniendo mucho cuidado de no olvidarnos de colocar las tabletas de azúcar que nos darán la carbonatación necesaria.

Esto es de suma importancia porque si se nos olvida colocar las tabletas de azúcar, nuestras cerveza nunca desarrollará el gas que crea la carbonatación y la espuma y sin la cual tendremos una cerveza que no resultará tan agradable de tomar.

Al terminar de llenar la botella y colocar la tableta, procedemos a taparla utilizando la taponadora incluida en el kit.

El lote entero nos dará entre 8 a 12 cervezas terminadas.

Al finalizar el proceso, guardamos las botellas por unos 10 a 15 días hasta que el proceso de carbonatación haya concluido y la cerveza esté lista para tomar.

Esto finaliza todo el proceso, ahora ya podemos disfrutar de un pequeño lote de cervezas hechas con nuestras propias manos.

Y como todo lo bueno se comparte, llamemos a algunos amigos y presumamos nuestras primeras cervezas.






Saludos y Salud!


















11 septiembre, 2020

Embotellando y carbonatando cerveza





Ya han pasado algunas semanas desde que cocinamos y hemos visto nuestra creación cambiar de mosto a cerveza en el fermentador, pero falta un paso crítico: el embotellado.

También hemos calculado el nivel de carbonatación residual que tiene esta cerveza y cómo determinar la cantidad de azúcar que debemos agregar para llegar a la carbonatación que estamos buscando. Ahora tenemos todo para comenzar el proceso de embotellado.

¡Desinfección, desinfección, desinfección!

No hay lugar más crítico para la cerveza que aquí. Si no cuidamos nuestros procesos de desinfección al momento de embotellar, el lote entero o, con un poco de suerte, algunas botellas, saldrán contaminadas. 

Cabe mencionar que la contaminación no hace que la cerveza sea dañina para el consumidor, pero sí puede impartir sabores y aromas desagradables, algunas veces ácidos, algunas veces avinagrados, pero definitivamente nos vamos a dar cuenta que son sabores que no pertenecen.

Por este motivo debemos ya tener una clara idea de cómo y con qué desinfectar todos los utensilios que vamos a utilizar en este procedimiento. Ya sea Star San o una opción localmente disponible, debemos seguir las instrucciones para asegurarnos de cumplir a cabalidad con las concentraciones y el tiempo de contacto.

Equipo

Siempre es útil realizar una lista del equipo necesario para embotellar nuestra cerveza. En este caso debemos comenzar por la parte más obvia: las botellas.

Debemos asegurarnos que vamos a tener suficientes botellas para realizar el embotellado de una sola vez, para minimizar el riesgo de oxidar la cerveza por el contacto con el aire.

Una botella típica de cerveza tiene una capacidad de 355 ml pero podemos conseguir también de 500 ml con relativa facilidad. Para un lote de 20 litros de cerveza, usualmente solo podemos sacar unos 18 o 19 litros hacia las botellas, por lo que debemos prepararnos con por lo menos 55 botellas de 355 ml o 40 de 500 ml.
En este caso específico, calculamos un volumen de 12 litros de cerveza por lo que esperamos entre 36 a 40 botellas. Por esta razón nos preparamos con 45 botellas para estar seguros de no quedarnos cortos.

Las botellas deben estar impecablemente limpias, no deben tener ningún residuo y deben haber sido lavadas de preferencia con jabón y enjuagadas extensivamente con agua caliente. Si dejamos residuos de jabón en las botellas nuestra cerveza va a tener sabor a jabón y sería una lástima llegar tan lejos para fallar en el último paso.

Ahora podemos trabajar en la lista de cosas que debemos tener preparadas para este día:
  • Botellas en suficiente cantidad y perfectamente limpias.
  • Tapitas o corcholatas nuevas
  • Taponadora
  • Cubeta o recipiente de suficiente capacidad grado alimenticio con algún tipo de válvula
  • Desinfectante grado alimenticio
  • Olla o recipiente pequeño para hervir agua
  • Azúcar o dextrosa
La cubeta de embotellado nos va a evitar mezclar el azúcar dentro del fermentador y vamos a evitar levantar todo el sedimento, dando como resultado una cerveza más limpia en la botella. Es algo que mejora considerablemente la calidad de la cerveza y no es un equipo complicado ni caro de conseguir, por lo que lo recomiendo para comenzar.

Preparando el azúcar

Habiendo determinado el tipo de azúcar que vamos a utilizar y las cantidades, vamos a comenzar por esterilizarla, pues si solamente la agregamos así a la cerveza corremos un alto riesgo de contaminación y que no se mezcle lo suficientemente bien.

Para esto debemos utilizar una olla pequeña donde debemos hervir una cantidad pequeña de agua, lo suficiente para disolver nuestra azúcar.

En este ejemplo específico, vamos a utilizar los datos de la entrada sobre cálculos de carbonatación en botella.

En nuestro caso, debemos agregar 70 gramos de dextrosa, pues estamos buscando una cerveza con carbonatación de ligera a baja de 4.4 g/l.

Vamos a prepara la olla y agregar alrededor de medio vaso de agua y lo llevamos hasta el punto de ebullición. Cuando comience a hervir, apagamos el fuego, agregamos el azúcar y movemos con una cuchara hasta que se disuelva completamente. Al estar disuelta, volvemos a poner a fuego lento y dejamos hervir por 10 minutos.




Tapamos la olla con papel aluminio para asegurarnos de mantenerlo limpio y dejamos reposar hasta que llegue a temperatura ambiente. Esto tomará el suficiente tiempo para que podamos comenzar el proceso. Es importante NO agregar el azúcar hasta que se encuentre a temperatura ambiente, pues no queremos líquido hirviendo cerca de nuestra cerveza.

Ahora debemos comenzar a desinfectar.

Lo primero es hacer nuestra solución desinfectante. No vamos a entrar en detalle porque esto dependerá de lo que utilicemos pero sí podemos determinar que queremos hacer lo suficiente para que podamos desinfectar todo, desde las botellas hasta la cubeta de embotellado. Para esto recomiendo hacer lo suficiente para inundar la cubeta de embotellado.




Al terminar, recordemos también pasar desinfectante por la válvula de la cubeta para asegurarnos que absolutamente todo está desinfectado.

Cuando la cubeta está lista, comenzamos a desinfectar las botellas. En esta pequeña cubeta caben 8 botellas a la vez, por lo que se debe hacer el proceso de 8 en 8, dejando las botellas remojar por 3 a 5 minutos para asegurarnos que el desinfectante haga su trabajo en cada una de ellas. 

Al terminar con cada tanda, las escurrimos en la misma cubeta para seguir utilizando el desinfectante, las cubrimos con las tapitas previamente desinfectadas y pasamos a las siguientes 8 botellas.

Cuando todas las botellas se encuentren desinfectadas y tenga su tapa encima, podemos tirar el líquido desinfectante y llevar nuestra cubeta al lugar donde vamos a realizar la transferencia.

Ahora la cubeta ya se encuentra limpia, desinfectada y lista para recibir el azúcar y la cerveza.




Si el azúcar ya está a temperatura ambiente, la colocamos toda en el fondo de la cubeta y sobre ésta vertimos la cerveza con mucho cuidado. El objetivo aquí es intentar no salpicar mucho para evitar que la cerveza se oxide más de la cuenta.

Este método no es el ideal pues nuestra cerveza va a tener una cantidad de oxidación mayor, pero por el momento no estamos utilizando mangueras, por lo que será suficiente.

Debemos ser extremadamente cuidadosos de solamente transferir el líquido y dejar atrás todos los sólidos y el sedimento que nos sea posible.




La transferencia de la cerveza debería ser suficiente para mezclar bien el azúcar, pero siempre debemos dejar que repose de 20 a 30 minutos antes de comenzar a embotellar para asegurarnos que la mezcla ha sido lo más homogénea posible. Si esperamos más de 30 minutos exponemos la cerveza a cantidades innecesarias de oxígeno y si esperamos menos de 20 puede que la mezcla no sea lo suficientemente homogénea, por lo que este tiempo debe ser bien medido.

Llenando las botellas


Al transcurrir 20 a 30 minutos, la cerveza está lista para embotellar. 

Es recomendable que no pase mucho tiempo entre la desinfección de las botellas y el llenado para evitar que se vuelvan a contaminar. Por lo mismo, lo mejor es desinfectar las botellas mientras se espera este tiempo de 20 a 30 minutos.

El proceso de llenado es sumamente sencillo y una sola persona lo puede realizar. Solamente tomamos nuestra botella ya desinfectada (con nuestras manos igualmente desinfectadas) y acercamos la boquilla a la válvula de la cubeta, abrimos el flujo y dejamos que llene dejando un espacio de aproximadamente 2 dedos hasta la boquilla.  Debemos tener cuidado de llenar la cantidad correcta de cerveza. Si dejamos mucho espacio libre podemos perder carbonatación. 

Colocamos ahora la tapita o corcholata utilizando nuestra taponadora y pasamos a la siguiente botella.

Repetimos las veces que sea necesario hasta que la cerveza se termine. De ser necesario podemos reclinar la cubeta para aprovechar hasta la última gota.

Cuando se termine el líquido y terminemos de embotellar, podemos transportar nuestras botellas a un lugar donde la temperatura se encuentre constante, el cual puede ser el mismo lugar donde fermentamos nuestra cerveza.

Proceso de carbonatación

La levadura en la cerveza comenzará a consumir los azúcares que acabamos de agregar y a generar el gas que necesitamos. Esto sucede en el transcurso de varios días dependiendo de las condiciones del ambiente y de la levadura.

Si todas las condiciones son favorables, podremos observar el proceso terminado en 1 semana. Si por alguna razón el proceso se ha vuelto lento (por ejemplo si hace mucho frío), podríamos esperar hasta 3 semanas.

Como siempre, la paciencia es uno de los elementos críticos de este proceso, por lo que sugiero que a la primera semana abramos 1 cerveza y probarla, si se encuentra bien, ya podemos poner el resto en refrigeración y comenzar a disfrutarlas. Si por lo contrario, todavía se encuentra sin gas o creemos que hay algo que pueda mejorar con el tiempo, debemos esperar haciendo pruebas cada 5 días hasta que el resultado sea de nuestro agrado.

Si hemos hecho todo a cabalidad, deberíamos ver una carbonatación perfecta entre 1 y 2 semanas.

Aunque la cerveza ya se encuentre perfectamente carbonatada, debemos recordar que el hecho de que la levadura haya llevado a cabo otra fermentación también quiere decir que debe limpiar nuevamente, por lo que una vez haya terminado la carbonatación la cerveza se beneficiará de una semana extra de acondicionamiento para que su sabor sea óptimo.

Cuando todo este proceso termine, tendremos una cerveza lista y carbonatada a la perfección, por lo que ya podemos enfriarlas y disfrutarlas.

Las cervezas son un producto que se disfruta mejor fresco y se mantiene fresco por más tiempo en refrigeración, por lo que es recomendable guardar las cervezas en el frío, lo cual tiene el valor agregado de clarificarlas.

Ahora solo queda abrir una de nuestras cervezas, servirlas en un buen vaso y brindar con nuestros amigos por la primera de muchas cervezas que ahora tenemos la capacidad de hacer en nuestras propias casas.





¡Saludos y salud!










03 septiembre, 2020

Cálculos de carbonatación en botella



Para estas alturas nuestra cerveza ya se encuentra lista, todas sus características de aromas y sabores ya deberían estar presentes y lo único que nos falta es añadirle la cantidad suficiente de CO2 (dióxido de carbono) para que se puedan formar esas burbujas y esa espuma sin las cuales la cerveza sería una completa decepción.

Aunque la carbonatación en botella no es ideal, porque deja un sedimento que puede resultar desagradable para algunas personas, en especial si no saben de cerveza, es la técnica que requiere la menor cantidad de equipo y conocimientos, por lo que resulta perfecto para nuestros primeros lotes de cerveza. 

A este punto la levadura ha agotado toda la "comida" que tenía disponible y ha terminado de limpiar todos los compuestos no deseados en el líquido.

Objetivo

Lo que buscamos al agregar nuevos azúcares es reactivar la levadura que queda en la cerveza para que vuelva a hacer una mini-fermentación dentro de la botella, misma que va a generar una cantidad predecible de CO2, el cual va a saturar la cerveza con el gas y nos va a dar como resultado una bebida adecuadamente carbonatada.

Debemos tener en cuenta que la forma en la que la cerveza se satura de CO2 es por presión. La fermentación genera gas pero al estar dentro de una botella sellada el gas no tiene a donde escapar, por lo que la presión que se genera dentro de la botella es considerable. Por esta razón es muy importante trabajar con botellas que sean capaces de manejar estas presiones. Una botella de cerveza de vidrio gruesa es un buen indicador de que ésta puede soportar las presiones requeridas.

También debemos tener el cuidado de guardar nuestras botellas, al menos las primeras veces, en un lugar donde no sea un peligro si estallan, pues si nos equivocamos en algún cálculo o elegimos las botellas incorrectas, corremos el riesgo de que la presión sea mayor a lo que la botella soporte y tengamos en nuestras manos una legítima bomba de cerveza.

Habiendo mencionado la parte más desastrosa, pasemos ahora a poner las manos a la obra.

El primer paso que debemos tomar es determinar el nivel de carbonatación que deseamos en nuestra cerveza. El nivel de carbonatación es la cantidad de gas que está disuelto por cada medida de líquido.

Para nivel casero es muy común ver este nivel expresado como volúmenes de CO2. Esto significa que si un estilo de cerveza nos pide un nivel de carbonatación de 2 volúmenes de CO2, entonces por cada litro de cerveza, existen 2 litros de CO2 disueltos en la misma.

Existen varias fuentes en Internet que nos pueden indicar los volúmenes típicos de CO2 para cada estilo, pero para hacer las cosas sencillas para los principiantes, vamos a tomar 2.5 como el nivel de carbonatación de nuestras primeras cervezas. Este es un número que se encuentra en el promedio de la mayoría de estilos y nos ayuda a comenzar a jugar con nuestros lotes sin preocuparnos por el momento de tantas variables.

Podemos encontrarnos también con que el nivel de carbonatación es expresado en gramos / litro, lo cual sigue las dimensionales del sistema internacional y por ende será la unidad de preferencia de este artículo. La conversión entre una y otra es extremadamente sencilla:

1 gramo / litro = 0.5 vol. CO2

Así que si buscamos un nivel de carbonatación de 2.5 vol. CO2, también podemos decir que buscamos 5 gramos / litro.

Calculando carbonatación residual

Ahora que sabemos que nuestra meta de carbonatación es 5 g/l, vamos a hacer los cálculos necesarios para alcanzarla.

Lo que debemos hacer es un cálculo aproximado del nivel de carbonatación que la cerveza posee actualmente, conocida también como carbonatación residual.

La cerveza se satura hasta cierto punto de dióxido de carbono durante el proceso de fermentación y todo este gas ya está presente al momento de embotellar por lo que debemos tomarlo en cuenta. Si no tomamos esto en cuenta, sin duda alguna vamos a sobrecarbonatar nuestra cerveza, lo que puede resultar en un exceso de espuma al momento de servirla o incluso que nuestras botellas estallen antes de poder siquiera abrirlas.

La relación entre la presión y la temperatura de la cerveza para determinar el nivel de carbonatación es algo conocido desde hace tiempo y se expresa en la fórmula siguiente, según Kai Troester (braukaiser.com):


Estrictamente hablando, deberíamos tomar en cuenta la altura a la que nos encontramos para poder tener un dato exacto de la presión a la que se encuentra la cerveza, pero vamos a suponer que la presión es cero para hacer nuestra vida más fácil, al menos por el momento.

Para facilitar el proceso y evitar que tengamos que ingresar manualmente cada vez los datos, he creado una tabla que expresa la cantidad de carbonatación residual en función de la temperatura, tomando en cuenta el rango de temperaturas de fermentación promedio de levaduras lagers y ales.



Con esta tabla solamente necesitamos buscar la temperatura ambiente a la que se encuentra nuestra cerveza recién fermentada, por ejemplo, para la ciudad de Guatemala, la temperatura ambiente usualmente se sitúa en unos perfectos 20°C. Si buscamos el nivel de carbonatación para 20°C tendremos un resultado de 0.83 vol. CO2 o 1.66 g/l.

Como sabemos que nuestra meta es de 5 g/l y tenemos una cantidad de 1.66, podemos hacer una simple resta y ahora sabemos que necesitamos agregar 3.34 g/l a nuestra cerveza para llegar a nuestro objetivo.

Seleccionando el azúcar correcta

Ya conocemos la cantidad de carbonatación que debemos agregar a la cerveza, ahora debemos entender cómo agregarla.

Para esto necesitamos una fuente de azúcar y vamos a tratar las dos más usadas a nivel casero: dextrosa y azúcar de mesa.

El azúcar de mesa tiene la ventaja de ser fácil de conseguir y usualmente ya la tenemos en casa, pero tiene la desventaja de que imparte un sabor a la cerveza terminada, aunque en realidad pequeño y algunas veces imperceptible para la mayoría de personas.

La dextrosa no está tan disponible como el azúcar de mesa pero tiene la ventaja de tener un perfil de sabor más neutro y se considera la opción ideal para la cerveza casera.

Azúcar de mesa

Para calcular la cantidad de azúcar de mesa que debemos usar existe la siguiente fórmula:

Azúcar (g) = (Carbonatación Deseada - Carbonatación Residual) * Volumen de Cerveza * 2

Ejemplo:
Si tenemos 20 litros de cerveza con una carbonatación residual de 1.66 g/l y deseamos carbonatar hasta 5 g/l, entonces podemos aplicar la fórmula de la siguiente forma:

Azúcar (g) = (5g/l - 1.66g/l) * 20l * 2
Azúcar (g) = 3.34g * 40
Azúcar (g) = 133.6g

Esto significa que debemos utilizar 133.6 gramos de azúcar para alcanzar la carbonatación ideal.

Dextrosa

La manera de calcular la dextrosa es similar al azúcar de mesa, pero debemos tomar en cuenta el hecho que ésta contiene un normalmente alrededor de 9% de humedad (que el azúcar de mesa no tiene) por lo que debemos hacer el cálculo de la forma siguiente:

Dextrosa (g) = (Carbonatación Deseada - Carbonatación Residual) * Volumen de Cerveza * 2 / 0.91

Ejemplo:
Utilizando los mismos datos que el ejemplo anterior, podemos determinar que necesitamos:

Dextrosa (g) = (5g/l - 1.66g/l) * 20l * 2 / 0.91
Dextrosa (g) = 133.6g / 0.91
Dextrosa (g) = 146.8g

Si todos estos cálculos resultan tediosos, he creado una hoja de cálculo sencilla y fácil de usar para ahorrar tiempo y esfuerzo, la pueden descargar a continuación:


El procedimiento para el embotellado será tratado en el siguiente artículo, pero ya nos podemos dirigir a él armados con la información necesaria para que la carbonatación de nuestra cerveza sea lo más exacta posible.