24 septiembre, 2020

¿Qué es un densímetro y para qué sirve?





Podemos ver una infinidad de aparatos y gadgets que los cerveceros tienen en sus casas y que hacen toda clase de cosas que no comprendemos y ese es uno de los factores que termina por intimidar a los principiantes. ¿Qué accesorios son absolutamente necesarios y cuáles son opcionales?

Primero vamos a dejar nuevamente algo en claro, no se necesita un equipo de alta tecnología para hacer una buena cerveza, solamente comprender bien el proceso y una buena técnica. Lo que hacen los accesorios y aparatos es ayudar al cervecero con labores repetitivas o tediosas, sirven para simplificar el proceso.

Por esta razón, vamos a comenzar con el primer accesorio "opcional" que todo cervecero debería considerar como un buen comienzo: un densímetro.

¿Qué es un densímetro?




Su nombre lo delata un poco. En términos sencillos, un densímetro es un aparato que se utiliza para medir la densidad de un líquido, midiendo la cantidad de azúcares que nuestro mosto posee. Siendo la medida de referencia el agua pura, que no contiene ningún tipo de sólidos ni azúcares.

Escala


Por costumbre, los densímetros utilizados por los cerveceros de casa vienen graduados en una escala llamada Gravedad Específica. En esta escala, el agua pura tiene una gravedad específica de 1.000 y el mosto promedio usualmente tiene entre 1.040 a 1.060.

Existen también otras escalas: brix y plato que, aunque no son muy comunes entre cerveceros caseros, se utilizan por profesionales y vamos a hacer lo posible por utilizar Plato como medida de densidad de aquí en adelante.

Importancia de las mediciones


Medir la densidad del mosto antes, durante y después de la fermentación no es una actividad que se deba tomar a la ligera.

Esto es lo que nos asegura mantener un control cercano de nuestra cerveza y calcular los tiempos necesarios para cada uno de los pasos que debemos tomar, así evitamos las "reglas de dedo" y nos adentramos más en hacer una cerveza de forma correcta.

Al medir la densidad y el volumen de nuestro mosto, tendremos los datos necesarios para calcular la eficiencia con la que estamos extrayendo los azúcares de la malta, con lo que podemos medir si nuestras técnicas son correctas o si debemos hacer algunas mejoras. 

Además, al medir la densidad durante la fermentación, también podemos determinar el momento preciso en el que la fermentación ha concluido,  de forma que podemos utilizar el tiempo de forma más eficiente y evitamos adivinar o calcular,  por lo que nuestro proceso y nuestro producto se ve ampliamente beneficiado.

Al alcanzar la densidad final,  es decir,  al haber pasado al menos 3 días la cerveza sin mostrar ningún cambio en la lectura,  se puede determinar,  no solamente el final de la fermentación sino la cantidad total de alcohol que la levadura ha producido.

El densímetro es una alternativa barata y eficiente para nuestras necesidades. Usualmente se encuentran en el rango entre $10-$15 y son fácil de encontrar en tiendas de suministros de cerveza o de laboratorio.

Lectura de un densímetro


El densímetro es básicamente un cilindro sellado graduado con un peso en la parte de abajo que modifica la flotabilidad.

El cilindro se hundirá si no hay muchos azúcares y flotará más mientras más azúcares existan en el líquido.

Debemos buscar la escala correcta, por ejemplo, si queremos utilizar brix o Plato, buscamos esta escala en el densímetro. No todos los densímetros tienen más de una escala, algunos vienen exclusivamente calibrados en Plato o en Gravedad Específica, por lo que debemos prestar atención cuando los compremos.

El densímetro necesita poder flotar en algo, por lo que se utiliza un tubo que tenga la capacidad por lo menos de contener el densímetro completamente. Usualmente para los densímetros caseros se utiliza un tubo de 100ml de capacidad aunque los profesionales pueden utilizar hasta 500ml por ser los instrumentos más grandes para aumentar su exactitud.

Otra consideración que debemos tener es que el densímetro está calibrado a una temperatura específica. Usualmente la temperatura es de 20° pero a veces es de 25°, por lo que debemos tomar esto en cuenta en el momento que lo compremos. Si no hay ninguna información sobre la temperatura de calibración, asumamos que está calibrado a 20°C.

Esto significa que cuando estamos haciendo cerveza, no podemos tomar muestras calientes, debemos primero enfriar la muestra hasta la temperatura que nuestro densímetro funciona correctamente. También cabe mencionar que si usamos un tubo de plástico, no debemos agregar mosto hirviendo porque lo podemos derretir, algo que le sucede a muchos cerveceros principiantes.

Cuando tengamos la muestra en el tubo y a temperatura ambiente, procedemos a introducir el densímetro y hacemos que gire hasta que se detenga en un nivel. Este movimiento se hace para evitar que se quede pegado a las paredes del tubo y arroje una lectura incorrecta.

También debemos tener mucho cuidado de que el tubo se encuentre en una superficie nivelada para evitar que roce con las paredes.

Cuando el densímetro finalmente se detiene, entonces bajamos la vista al nivel del líquido y tomamos nota del número que aparece en el nivel. 

La tensión superficial del agua crea unas pequeñas curvaturas en la cercanía del densímetro, pero debemos leer el número que se encuentra en el nivel del agua.

En el ejemplo siguiente, la lectura correcta de esta muestra es de 12°P.




Alternativas


Una desventaja del densímetro es que necesita muestras relativamente grandes para realizar sus mediciones. Uno relativamente pequeño aún necesita 100 ml de mosto o cerveza.

Definitivamente no es recomendable regresar la muestra para evitar contaminaciones,  por lo que se debe descartar y si tomamos demasiadas muestras podemos ver afectado el volumen final de cerveza que vamos a producir. Especialmente si nuestros lotes son pequeños.

Por ello existe una alternativa a nuestro alcance que permite realizar estas mediciones con una exactitud aceptable y prácticamente sin ninguna pérdida. Esta opción es el refractómetro.

Los refractómetros se utilizan mucho en aplicaciones donde se procesa fruta y en acuarios, por lo que los podemos encontrar en lugares que venden insumos para este tipo de industrias.



La ventaja del refractómetro es que basta con un par de gotas de muestra para realizar una lectura satisfactoriamente,  y la gran mayoría de ellos tienen corrección automática de temperatura (ATC) por lo que no tenemos que estar enfriando la muestra cuando la tomamos,  como en el caso del densímetro.
La desventaja del refractómetro es que la lectura es únicamente válida cuando no existe alcohol en el líquido, es decir,  que no podemos utilizarlo normalmente para medir el mosto en fermentación o la cerveza terminada.

A pesar de ello,  existen fórmulas y calculadoras que utilizan la densidad inicial y la lectura actual para calcular la corrección necesaria y darnos la densidad correcta para nuestros cálculos.  Para usos de un cervecero de casa,  ésto es lo suficientemente certero y podemos trabajar con ello.

La escala de los refractómetros es usualmente Brix, por lo que si no estamos familiarizados con ella, podemos utilizar cualquier herramienta en línea para hacer las conversiones. Existen algunos que vienen el Brix y en Gravedad Específica, pero se han reportado muchísimos casos en que la escala de Gravedad Específica está incorrecta, comprometiendo la certeza de nuestras mediciones, así que yo recomiendo verificar siempre antes de confiar en la escala que trae y una vez lo tengamos en nuestro poder debemos confirmar que la escala sea la correcta utilizando calculadoras para este fin.

La lectura de los refractómetros es sencilla, simplemente colocamos una o dos gotas de la muestra que deseamos medir en la recámara, tapamos la misma con el cubreobjetos integrado en el aparato y apuntamos hacia una fuente de luz. 

La lectura será el número que se encuentre en la línea divisoria entre el color azul y el blanco. Si por alguna razón la línea no es lo suficientemente clara podemos tomar otra muestra.

En este caso, la densidad es de 13.6 brix


Esta simple herramienta nos dará la capacidad de controlar nuestro proceso y darnos la confianza de que todo marcha bien,  quitando el inconsistente trabajo de adivinar o calcular lo que está sucediendo.
Creo que por esta razón,  es indispensable que  una vez tengamos todo el equipo para hacer nuestra cerveza,  un densímetro es el siguiente paso obligatorio.

Además,  esa sensación de científico loco cada vez que se toma una muestra es una de las pequeñas recompensas que nos hacen querer seguir haciendo cerveza todos los fines de semana.

Recuerden que el mejor momento para hacer una cerveza es hace 4 semanas,  pero el segundo mejor momento es ahora mismo.

¡Saludos y salud!


19 septiembre, 2020

Haciendo cerveza con un kit de extracto de 1 galón


Los kits de extracto son la forma más común con la que las personas tienen su primer contacto con el arte de hacer cerveza. Son compactos, relativamente baratos y fáciles de usar, por lo pueden representar una muy buena parada para empezar a hacer cerveza.

Cabe mencionar que no es necesariamente el primer paso que un cervecero debe tomar para aprender a usar cerveza. Se puede comenzar con un equipo más grande si se desea. Pero vamos a discutir estos kits porque se han popularizado bastante y algunas personas ya cuentan con ellos o tienen la facilidad de comprarlos. 

La primera ventaja de estos kits es que viene casi todo lo necesario en una sola caja, quitando el trabajo de comprar varias piezas de equipo y varios insumos, cosa que desanima a muchos principiantes.

Vamos a analizar el contenido de un kit en específico:  Craft Beer Making Starter kit de Northern Brewer
  • Fermentador de 1 galón
  • Tapón con agujero
  • Airlock o trampa de aire
  • Enchapadora y tapitas o corcholatas
  • Ingredientes para la cerveza
  • Etiquetas
  • Tubo para llenado de botellas
  • Desinfectante
  • Manguera
  • Instrucciones
Adicionalmente vamos a necesitar:
  • Olla para hervir de por lo menos 2 galones o 7.5 litros. Idealmente de 10 litros para tener espacio suficiente.
  • Botellas de vidrio con boquilla que no sea de rosca

UNBOXING

La parte más importante de hacer cerveza es disfrutar el proceso.  Abramos nuestro kit como si se tratara de un niño abriendo un regalo de navidad.

El objetivo es asegurarnos que todos los ingredientes y accesorios necesarios vengan en buenas condiciones. En el kit viene una hoja que enumera todo lo que viene en la caja y así nos aseguramos de tener un día de cocinado sin inconvenientes.

PRUEBAS

Lo primero que debemos hacer es poner nuestros ingredientes en refrigeración, pues el viaje muy probablemente no fue amable con ellos. Se deben mantener en el frío hasta el día que los utilicemos.

También es útil probar todos los instrumentos para asegurarnos que funcionan de forma correcta para no llevarnos una sorpresa al momento que las vamos a necesitar. Por ejemplo, armar y llenar el recipiente de fermentación para buscar fugas, probar la manguera y el tubo de llenado y la taponadora con una botella y una tapa para asegurarnos que todo está en orden.

PLANIFICACIÓN

Debemos hacer una lista de todos los ingredientes y materiales que necesitamos para hacer nuestra cerveza, siguiendo los pasos en las instrucciones. Esto significa que debemos tener nuestra olla y todo lo necesario para no tener que salir corriendo a la tienda a última hora.

Tener las cosas que no vienen incluídas en el kit es lo más inteligente en este paso. Por ejemplo, la olla que vamos a utilizar, el hielo ya en el congelador, la paleta que con la que vamos a mover el mosto, etc.

EL DÍA DE COCINA

Aquí vamos a tomar un momento para leer las instrucciones y dejar todo listo para comenzar a hacer nuestra cerveza.

En este caso específico, el kit viene con una receta de una Irish Red Ale.

La receta incluye 4 ingredientes: extracto de malta en polvo, lúpulo, granos molidos y levadura. Todo viene medido exactamente para nuestro lote por lo que no necesitamos hacer más que tener las cosas a la mano.

El extracto de malta nos brindará los azúcar necesarios para que la levadura lleve a cabo la fermentación y nos proporciona el alcohol que esperamos en la cerveza terminada.

El grano molido nos da color y cuerpo en la cerveza, lo cual, por tratarse de una cerveza roja, es indispensable.

El lúpulo nos dará el amargor de la cerveza. En este estilo el amargor es medio a bajo y solo lo agregaremos una vez.

La levadura fermentará el mosto y lo convertirá en cerveza.

Paso número 1: DESINFECCIÓN

Debemos desinfectar nuestro fermentador para evitar que otras levaduras o bacterias fermenten nuestro mosto y compitan con la levadura de cerveza. Si esto ocurre, se dice que la cerveza está contaminada y los productos de las otras fermentaciones nos darán como resultado sabores que no deseamos en nuestras cervezas, como acidez o incluso sabor y olor a huevo podrido. Si la cerveza resultante no huele bien, entonces debemos revisar nuestros procesos de limpieza.

Nuestro kit incluye 2 paquetes con un polvo que funciona como limpiador y desinfectante al mismo tiempo. Para utilizarlo solamente debemos llenar el fermentador con agua tibia, disolver el contenido de 1 paquete en el agua y remover para que se disuelva correctamente. A esta mezcla de desinfectante le agregamos el tapón y el airlock para que también se desinfecten y dejamos el fermentador cerrado mientras cocinamos nuestra cerveza, lo cual nos asegurará que el recipiente y los accesorios estén correctamente desinfectados en el momento de utilizarlos.




Paso 2: Calentar agua


Debemos tener en cuenta que vamos a perder mucho volumen por la evaporación durante el proceso de cocina. 

Por este motivo comenzamos colocando 5 litros de agua en una olla lo suficientemente grande para acomodar este volumen y un poco más en caso nuestro mosto crezca antes de hervir.

Al colocar el agua en la olla encendemos el fuego más alto que nuestra estufa permita y dejamos que empiece a calentar

Paso número 3: colocar el grano molido

Mientras el agua calienta, vamos a remojar los granos molidos que vienen en el kit en el agua para extraer esos aromas y sabores que van a distinguir nuestra Irish Red Ale.

Para esto utilizamos la bolsa (también incluida en el kit), en la cual vamos a agregar los granos y hacerle un nudo al final para evitar que se salgan por toda la olla y nos sea imposible de filtrar.

El grano se saca justo antes de que el líquido empiece a hervir.



Paso número 4: Agregar el extracto

Justo antes de que el líquido llegue a ebullición, se saca la bolsa de grano y se agrega el extracto de malta en seco.

No es necesario pesar nada ni realizar cálculos, pues todo viene exactamente como se necesita. 

La única consideración necesaria es apagar el fuego cuando se agregue el extracto para evitar que se pegue al fondo de nuestra olla. Luego de que esté disuelto correctamente se vuelve a colocar a fuego alto y se lleva a ebullición.

Paso número 5: Agregar el lúpulo

Cuando el mosto comience a hervir, agregamos todo el lúpulo incluido en la receta y comenzamos el conteo regresivo de 60 minutos.

En este punto no es necesario ninguna acción de nuestra parte, solo debemos asegurarnos que el mosto tenga una ebullición adecuada que no sea muy débil pero tampoco muy agresiva como para evaporar todo el líquido al final de los 60 minutos. Un ejemplo de la agresividad esperada se puede encontrar en el vídeo al final de este artículo.



Paso número 6: Enfriamiento

Al pasar los 60 minutos apagamos el fuego e inmediatamente llevamos la olla a un baño de agua fría.

Podemos comenzar con solamente agua y luego de 15 minutos podemos pasar a un baño de agua con hielo.

Debemos dejar el mosto en el agua fría hasta que el mismo llegue a temperatura ambiente.

Este es un paso crítico porque la levadura no puede sobrevivir en un ambiente muy caliente y si no está viva no podrá llevar a cabo la fermentación, dejando que otros microorganismos realicen dicha tarea y creando una cerveza que no será agradable para el consumo.



Paso final: transferencia

Cuando el mosto se encuentre a temperatura ambiente lo debemos transferir con mucho cuidado a nuestro fermentador previamente desinfectado. Aquí nos daremos cuenta que el nivel del líquido pudo haber quedado por debajo de 1 galón, que era lo que esperábamos. Si este es el caso, debemos llenar con agua purificada hasta el nivel deseado.

Finalmente estamos listos para agregar la levadura directamente al líquido. 

Esto finaliza el proceso y estamos listos para iniciar la fermentación.

Debemos colocar el fermentador en un lugar fresco, donde la temperatura no fluctúe demasiado y no tenga exposición a la luz solar directamente.

En unos 15 días estaremos listos para embotellar nuestra cerveza.

EMBOTELLADO

Lo más importante al embotellar sigue siendo la desinfección. Si dejamos que nuestra cerveza se infecte en este paso también tendremos como resultado un producto que tendrá aromas y sabores desagradables.

Debemos desinfectar todos los accesorios como mangueras, llenadora, tapitas y botellas, siguiendo las instrucciones del fabricante del desinfectante que hayamos decidido utilizar.

En el caso de nuestro kit de cerveza, utilizamos el sobre de limpiador y desinfectante para este fin.

Cuando tengamos todo desinfectado y listo, procedemos a llenar cada botella, teniendo mucho cuidado de no olvidarnos de colocar las tabletas de azúcar que nos darán la carbonatación necesaria.

Esto es de suma importancia porque si se nos olvida colocar las tabletas de azúcar, nuestras cerveza nunca desarrollará el gas que crea la carbonatación y la espuma y sin la cual tendremos una cerveza que no resultará tan agradable de tomar.

Al terminar de llenar la botella y colocar la tableta, procedemos a taparla utilizando la taponadora incluida en el kit.

El lote entero nos dará entre 8 a 12 cervezas terminadas.

Al finalizar el proceso, guardamos las botellas por unos 10 a 15 días hasta que el proceso de carbonatación haya concluido y la cerveza esté lista para tomar.

Esto finaliza todo el proceso, ahora ya podemos disfrutar de un pequeño lote de cervezas hechas con nuestras propias manos.

Y como todo lo bueno se comparte, llamemos a algunos amigos y presumamos nuestras primeras cervezas.






Saludos y Salud!


















11 septiembre, 2020

Embotellando y carbonatando cerveza





Ya han pasado algunas semanas desde que cocinamos y hemos visto nuestra creación cambiar de mosto a cerveza en el fermentador, pero falta un paso crítico: el embotellado.

También hemos calculado el nivel de carbonatación residual que tiene esta cerveza y cómo determinar la cantidad de azúcar que debemos agregar para llegar a la carbonatación que estamos buscando. Ahora tenemos todo para comenzar el proceso de embotellado.

¡Desinfección, desinfección, desinfección!

No hay lugar más crítico para la cerveza que aquí. Si no cuidamos nuestros procesos de desinfección al momento de embotellar, el lote entero o, con un poco de suerte, algunas botellas, saldrán contaminadas. 

Cabe mencionar que la contaminación no hace que la cerveza sea dañina para el consumidor, pero sí puede impartir sabores y aromas desagradables, algunas veces ácidos, algunas veces avinagrados, pero definitivamente nos vamos a dar cuenta que son sabores que no pertenecen.

Por este motivo debemos ya tener una clara idea de cómo y con qué desinfectar todos los utensilios que vamos a utilizar en este procedimiento. Ya sea Star San o una opción localmente disponible, debemos seguir las instrucciones para asegurarnos de cumplir a cabalidad con las concentraciones y el tiempo de contacto.

Equipo

Siempre es útil realizar una lista del equipo necesario para embotellar nuestra cerveza. En este caso debemos comenzar por la parte más obvia: las botellas.

Debemos asegurarnos que vamos a tener suficientes botellas para realizar el embotellado de una sola vez, para minimizar el riesgo de oxidar la cerveza por el contacto con el aire.

Una botella típica de cerveza tiene una capacidad de 355 ml pero podemos conseguir también de 500 ml con relativa facilidad. Para un lote de 20 litros de cerveza, usualmente solo podemos sacar unos 18 o 19 litros hacia las botellas, por lo que debemos prepararnos con por lo menos 55 botellas de 355 ml o 40 de 500 ml.
En este caso específico, calculamos un volumen de 12 litros de cerveza por lo que esperamos entre 36 a 40 botellas. Por esta razón nos preparamos con 45 botellas para estar seguros de no quedarnos cortos.

Las botellas deben estar impecablemente limpias, no deben tener ningún residuo y deben haber sido lavadas de preferencia con jabón y enjuagadas extensivamente con agua caliente. Si dejamos residuos de jabón en las botellas nuestra cerveza va a tener sabor a jabón y sería una lástima llegar tan lejos para fallar en el último paso.

Ahora podemos trabajar en la lista de cosas que debemos tener preparadas para este día:
  • Botellas en suficiente cantidad y perfectamente limpias.
  • Tapitas o corcholatas nuevas
  • Taponadora
  • Cubeta o recipiente de suficiente capacidad grado alimenticio con algún tipo de válvula
  • Desinfectante grado alimenticio
  • Olla o recipiente pequeño para hervir agua
  • Azúcar o dextrosa
La cubeta de embotellado nos va a evitar mezclar el azúcar dentro del fermentador y vamos a evitar levantar todo el sedimento, dando como resultado una cerveza más limpia en la botella. Es algo que mejora considerablemente la calidad de la cerveza y no es un equipo complicado ni caro de conseguir, por lo que lo recomiendo para comenzar.

Preparando el azúcar

Habiendo determinado el tipo de azúcar que vamos a utilizar y las cantidades, vamos a comenzar por esterilizarla, pues si solamente la agregamos así a la cerveza corremos un alto riesgo de contaminación y que no se mezcle lo suficientemente bien.

Para esto debemos utilizar una olla pequeña donde debemos hervir una cantidad pequeña de agua, lo suficiente para disolver nuestra azúcar.

En este ejemplo específico, vamos a utilizar los datos de la entrada sobre cálculos de carbonatación en botella.

En nuestro caso, debemos agregar 70 gramos de dextrosa, pues estamos buscando una cerveza con carbonatación de ligera a baja de 4.4 g/l.

Vamos a prepara la olla y agregar alrededor de medio vaso de agua y lo llevamos hasta el punto de ebullición. Cuando comience a hervir, apagamos el fuego, agregamos el azúcar y movemos con una cuchara hasta que se disuelva completamente. Al estar disuelta, volvemos a poner a fuego lento y dejamos hervir por 10 minutos.




Tapamos la olla con papel aluminio para asegurarnos de mantenerlo limpio y dejamos reposar hasta que llegue a temperatura ambiente. Esto tomará el suficiente tiempo para que podamos comenzar el proceso. Es importante NO agregar el azúcar hasta que se encuentre a temperatura ambiente, pues no queremos líquido hirviendo cerca de nuestra cerveza.

Ahora debemos comenzar a desinfectar.

Lo primero es hacer nuestra solución desinfectante. No vamos a entrar en detalle porque esto dependerá de lo que utilicemos pero sí podemos determinar que queremos hacer lo suficiente para que podamos desinfectar todo, desde las botellas hasta la cubeta de embotellado. Para esto recomiendo hacer lo suficiente para inundar la cubeta de embotellado.




Al terminar, recordemos también pasar desinfectante por la válvula de la cubeta para asegurarnos que absolutamente todo está desinfectado.

Cuando la cubeta está lista, comenzamos a desinfectar las botellas. En esta pequeña cubeta caben 8 botellas a la vez, por lo que se debe hacer el proceso de 8 en 8, dejando las botellas remojar por 3 a 5 minutos para asegurarnos que el desinfectante haga su trabajo en cada una de ellas. 

Al terminar con cada tanda, las escurrimos en la misma cubeta para seguir utilizando el desinfectante, las cubrimos con las tapitas previamente desinfectadas y pasamos a las siguientes 8 botellas.

Cuando todas las botellas se encuentren desinfectadas y tenga su tapa encima, podemos tirar el líquido desinfectante y llevar nuestra cubeta al lugar donde vamos a realizar la transferencia.

Ahora la cubeta ya se encuentra limpia, desinfectada y lista para recibir el azúcar y la cerveza.




Si el azúcar ya está a temperatura ambiente, la colocamos toda en el fondo de la cubeta y sobre ésta vertimos la cerveza con mucho cuidado. El objetivo aquí es intentar no salpicar mucho para evitar que la cerveza se oxide más de la cuenta.

Este método no es el ideal pues nuestra cerveza va a tener una cantidad de oxidación mayor, pero por el momento no estamos utilizando mangueras, por lo que será suficiente.

Debemos ser extremadamente cuidadosos de solamente transferir el líquido y dejar atrás todos los sólidos y el sedimento que nos sea posible.




La transferencia de la cerveza debería ser suficiente para mezclar bien el azúcar, pero siempre debemos dejar que repose de 20 a 30 minutos antes de comenzar a embotellar para asegurarnos que la mezcla ha sido lo más homogénea posible. Si esperamos más de 30 minutos exponemos la cerveza a cantidades innecesarias de oxígeno y si esperamos menos de 20 puede que la mezcla no sea lo suficientemente homogénea, por lo que este tiempo debe ser bien medido.

Llenando las botellas


Al transcurrir 20 a 30 minutos, la cerveza está lista para embotellar. 

Es recomendable que no pase mucho tiempo entre la desinfección de las botellas y el llenado para evitar que se vuelvan a contaminar. Por lo mismo, lo mejor es desinfectar las botellas mientras se espera este tiempo de 20 a 30 minutos.

El proceso de llenado es sumamente sencillo y una sola persona lo puede realizar. Solamente tomamos nuestra botella ya desinfectada (con nuestras manos igualmente desinfectadas) y acercamos la boquilla a la válvula de la cubeta, abrimos el flujo y dejamos que llene dejando un espacio de aproximadamente 2 dedos hasta la boquilla.  Debemos tener cuidado de llenar la cantidad correcta de cerveza. Si dejamos mucho espacio libre podemos perder carbonatación. 

Colocamos ahora la tapita o corcholata utilizando nuestra taponadora y pasamos a la siguiente botella.

Repetimos las veces que sea necesario hasta que la cerveza se termine. De ser necesario podemos reclinar la cubeta para aprovechar hasta la última gota.

Cuando se termine el líquido y terminemos de embotellar, podemos transportar nuestras botellas a un lugar donde la temperatura se encuentre constante, el cual puede ser el mismo lugar donde fermentamos nuestra cerveza.

Proceso de carbonatación

La levadura en la cerveza comenzará a consumir los azúcares que acabamos de agregar y a generar el gas que necesitamos. Esto sucede en el transcurso de varios días dependiendo de las condiciones del ambiente y de la levadura.

Si todas las condiciones son favorables, podremos observar el proceso terminado en 1 semana. Si por alguna razón el proceso se ha vuelto lento (por ejemplo si hace mucho frío), podríamos esperar hasta 3 semanas.

Como siempre, la paciencia es uno de los elementos críticos de este proceso, por lo que sugiero que a la primera semana abramos 1 cerveza y probarla, si se encuentra bien, ya podemos poner el resto en refrigeración y comenzar a disfrutarlas. Si por lo contrario, todavía se encuentra sin gas o creemos que hay algo que pueda mejorar con el tiempo, debemos esperar haciendo pruebas cada 5 días hasta que el resultado sea de nuestro agrado.

Si hemos hecho todo a cabalidad, deberíamos ver una carbonatación perfecta entre 1 y 2 semanas.

Aunque la cerveza ya se encuentre perfectamente carbonatada, debemos recordar que el hecho de que la levadura haya llevado a cabo otra fermentación también quiere decir que debe limpiar nuevamente, por lo que una vez haya terminado la carbonatación la cerveza se beneficiará de una semana extra de acondicionamiento para que su sabor sea óptimo.

Cuando todo este proceso termine, tendremos una cerveza lista y carbonatada a la perfección, por lo que ya podemos enfriarlas y disfrutarlas.

Las cervezas son un producto que se disfruta mejor fresco y se mantiene fresco por más tiempo en refrigeración, por lo que es recomendable guardar las cervezas en el frío, lo cual tiene el valor agregado de clarificarlas.

Ahora solo queda abrir una de nuestras cervezas, servirlas en un buen vaso y brindar con nuestros amigos por la primera de muchas cervezas que ahora tenemos la capacidad de hacer en nuestras propias casas.





¡Saludos y salud!










03 septiembre, 2020

Cálculos de carbonatación en botella



Para estas alturas nuestra cerveza ya se encuentra lista, todas sus características de aromas y sabores ya deberían estar presentes y lo único que nos falta es añadirle la cantidad suficiente de CO2 (dióxido de carbono) para que se puedan formar esas burbujas y esa espuma sin las cuales la cerveza sería una completa decepción.

Aunque la carbonatación en botella no es ideal, porque deja un sedimento que puede resultar desagradable para algunas personas, en especial si no saben de cerveza, es la técnica que requiere la menor cantidad de equipo y conocimientos, por lo que resulta perfecto para nuestros primeros lotes de cerveza. 

A este punto la levadura ha agotado toda la "comida" que tenía disponible y ha terminado de limpiar todos los compuestos no deseados en el líquido.

Objetivo

Lo que buscamos al agregar nuevos azúcares es reactivar la levadura que queda en la cerveza para que vuelva a hacer una mini-fermentación dentro de la botella, misma que va a generar una cantidad predecible de CO2, el cual va a saturar la cerveza con el gas y nos va a dar como resultado una bebida adecuadamente carbonatada.

Debemos tener en cuenta que la forma en la que la cerveza se satura de CO2 es por presión. La fermentación genera gas pero al estar dentro de una botella sellada el gas no tiene a donde escapar, por lo que la presión que se genera dentro de la botella es considerable. Por esta razón es muy importante trabajar con botellas que sean capaces de manejar estas presiones. Una botella de cerveza de vidrio gruesa es un buen indicador de que ésta puede soportar las presiones requeridas.

También debemos tener el cuidado de guardar nuestras botellas, al menos las primeras veces, en un lugar donde no sea un peligro si estallan, pues si nos equivocamos en algún cálculo o elegimos las botellas incorrectas, corremos el riesgo de que la presión sea mayor a lo que la botella soporte y tengamos en nuestras manos una legítima bomba de cerveza.

Habiendo mencionado la parte más desastrosa, pasemos ahora a poner las manos a la obra.

El primer paso que debemos tomar es determinar el nivel de carbonatación que deseamos en nuestra cerveza. El nivel de carbonatación es la cantidad de gas que está disuelto por cada medida de líquido.

Para nivel casero es muy común ver este nivel expresado como volúmenes de CO2. Esto significa que si un estilo de cerveza nos pide un nivel de carbonatación de 2 volúmenes de CO2, entonces por cada litro de cerveza, existen 2 litros de CO2 disueltos en la misma.

Existen varias fuentes en Internet que nos pueden indicar los volúmenes típicos de CO2 para cada estilo, pero para hacer las cosas sencillas para los principiantes, vamos a tomar 2.5 como el nivel de carbonatación de nuestras primeras cervezas. Este es un número que se encuentra en el promedio de la mayoría de estilos y nos ayuda a comenzar a jugar con nuestros lotes sin preocuparnos por el momento de tantas variables.

Podemos encontrarnos también con que el nivel de carbonatación es expresado en gramos / litro, lo cual sigue las dimensionales del sistema internacional y por ende será la unidad de preferencia de este artículo. La conversión entre una y otra es extremadamente sencilla:

1 gramo / litro = 0.5 vol. CO2

Así que si buscamos un nivel de carbonatación de 2.5 vol. CO2, también podemos decir que buscamos 5 gramos / litro.

Calculando carbonatación residual

Ahora que sabemos que nuestra meta de carbonatación es 5 g/l, vamos a hacer los cálculos necesarios para alcanzarla.

Lo que debemos hacer es un cálculo aproximado del nivel de carbonatación que la cerveza posee actualmente, conocida también como carbonatación residual.

La cerveza se satura hasta cierto punto de dióxido de carbono durante el proceso de fermentación y todo este gas ya está presente al momento de embotellar por lo que debemos tomarlo en cuenta. Si no tomamos esto en cuenta, sin duda alguna vamos a sobrecarbonatar nuestra cerveza, lo que puede resultar en un exceso de espuma al momento de servirla o incluso que nuestras botellas estallen antes de poder siquiera abrirlas.

La relación entre la presión y la temperatura de la cerveza para determinar el nivel de carbonatación es algo conocido desde hace tiempo y se expresa en la fórmula siguiente, según Kai Troester (braukaiser.com):


Estrictamente hablando, deberíamos tomar en cuenta la altura a la que nos encontramos para poder tener un dato exacto de la presión a la que se encuentra la cerveza, pero vamos a suponer que la presión es cero para hacer nuestra vida más fácil, al menos por el momento.

Para facilitar el proceso y evitar que tengamos que ingresar manualmente cada vez los datos, he creado una tabla que expresa la cantidad de carbonatación residual en función de la temperatura, tomando en cuenta el rango de temperaturas de fermentación promedio de levaduras lagers y ales.



Con esta tabla solamente necesitamos buscar la temperatura ambiente a la que se encuentra nuestra cerveza recién fermentada, por ejemplo, para la ciudad de Guatemala, la temperatura ambiente usualmente se sitúa en unos perfectos 20°C. Si buscamos el nivel de carbonatación para 20°C tendremos un resultado de 0.83 vol. CO2 o 1.66 g/l.

Como sabemos que nuestra meta es de 5 g/l y tenemos una cantidad de 1.66, podemos hacer una simple resta y ahora sabemos que necesitamos agregar 3.34 g/l a nuestra cerveza para llegar a nuestro objetivo.

Seleccionando el azúcar correcta

Ya conocemos la cantidad de carbonatación que debemos agregar a la cerveza, ahora debemos entender cómo agregarla.

Para esto necesitamos una fuente de azúcar y vamos a tratar las dos más usadas a nivel casero: dextrosa y azúcar de mesa.

El azúcar de mesa tiene la ventaja de ser fácil de conseguir y usualmente ya la tenemos en casa, pero tiene la desventaja de que imparte un sabor a la cerveza terminada, aunque en realidad pequeño y algunas veces imperceptible para la mayoría de personas.

La dextrosa no está tan disponible como el azúcar de mesa pero tiene la ventaja de tener un perfil de sabor más neutro y se considera la opción ideal para la cerveza casera.

Azúcar de mesa

Para calcular la cantidad de azúcar de mesa que debemos usar existe la siguiente fórmula:

Azúcar (g) = (Carbonatación Deseada - Carbonatación Residual) * Volumen de Cerveza * 2

Ejemplo:
Si tenemos 20 litros de cerveza con una carbonatación residual de 1.66 g/l y deseamos carbonatar hasta 5 g/l, entonces podemos aplicar la fórmula de la siguiente forma:

Azúcar (g) = (5g/l - 1.66g/l) * 20l * 2
Azúcar (g) = 3.34g * 40
Azúcar (g) = 133.6g

Esto significa que debemos utilizar 133.6 gramos de azúcar para alcanzar la carbonatación ideal.

Dextrosa

La manera de calcular la dextrosa es similar al azúcar de mesa, pero debemos tomar en cuenta el hecho que ésta contiene un normalmente alrededor de 9% de humedad (que el azúcar de mesa no tiene) por lo que debemos hacer el cálculo de la forma siguiente:

Dextrosa (g) = (Carbonatación Deseada - Carbonatación Residual) * Volumen de Cerveza * 2 / 0.91

Ejemplo:
Utilizando los mismos datos que el ejemplo anterior, podemos determinar que necesitamos:

Dextrosa (g) = (5g/l - 1.66g/l) * 20l * 2 / 0.91
Dextrosa (g) = 133.6g / 0.91
Dextrosa (g) = 146.8g

Si todos estos cálculos resultan tediosos, he creado una hoja de cálculo sencilla y fácil de usar para ahorrar tiempo y esfuerzo, la pueden descargar a continuación:


El procedimiento para el embotellado será tratado en el siguiente artículo, pero ya nos podemos dirigir a él armados con la información necesaria para que la carbonatación de nuestra cerveza sea lo más exacta posible.


28 agosto, 2020

Calculando el Alcohol y definiendo la atenuación


La atenuación es la característica que la levadura tiene de fermentar una cantidad determinada de los azúcares presentes en un mosto y se expresa en forma de porcentaje. Por ejemplo, si el fabricante nos indica que una levadura tiene un porcentaje de atenuación del 80%, esto significa que nuestra levadura será capaz únicamente de procesar el 80% de los azúcares y convertirlos en alcohol, el restante 20% se convertirá en azúcar residual y será percibido como el cuerpo de la cerveza.

Mientras menos azúcares residuales contenga una cerveza, se sentirá más seca o con menor cuerpo. Esta característica es deseada en cervezas ligeras y claras como una Blonde Ale o las Lagers europeas, pero no es tan deseada en Stouts fuertes americanas en donde sí se desea una cantidad mayor de cuerpo.

Saber el límite de atenuación de una levadura nos da una buena idea de la densidad terminal (también llamada gravedad final) de una cerveza. Esto es importante porque podemos calcular el nivel de alcohol de una cerveza basados en su Densidad Inicial y su Densidad Final. 

En una entrada anterior aprendimos a calcular la Densidad Inicial de nuestro mosto basados en las maltas utilizadas. Si ahora podemos calcular la Densidad Final del mismo una vez haya terminado la fermentación basados en la atenuación de la levadura que vamos a utilizar, entonces podemos diseñar una cerveza que tenga la cantidad de alcohol que nosotros decidamos.

Extracto Real vs Extracto Aparente

El progreso de la fermentación se controla tomando muestras de la cerveza y midiendo su densidad para saber cómo disminuye a medida que la levadura hace su trabajo. 

La densidad usualmente se mide con un densímetro o con un refractómetro. 

Refractómetro digital

Densímetro

Si usamos un refractómetro debemos tener en cuenta que el alcohol ya presente en la cerveza interfiere con el índice de refracción para el cual el instrumento está calibrado, por lo que nos dará una medida incorrecta. Existen factores de conversión que nos pueden ayudar a aproximarnos a un dato real, pero lo mejor es realizar las mediciones utilizando un densímetro.

El densímetro tampoco es perfecto para ésta tarea porque el alcohol que contiene la cerveza tiene una flotabilidad diferente al resto del líquido. Esta diferencia en los valores de flotabilidad también nos da como resultado una lectura diferente a la realidad, pero es más cercana que el refractómetro.

Esto significa que cuando una cerveza termina de fermentar dará un resultado en el densímetro llamado Extracto Aparente. Esto se llama así porque es la medición directa de nuestro instrumento sin ajustar por el efecto del alcohol.

La importancia de reconocer éstos términos es que las fórmulas para calcular el nivel de alcohol de la cerveza deben tomar en cuenta el Extracto Real y no el Aparente.

Se llama Extracto Real a la densidad del mosto tomando en cuenta el alcohol presente, la cual se calcula a partir del Extracto Aparente que es el resultado directo de la medición de densidad.

La fórmula para calcular el Extracto Real, de acuerdo a Kai Troester (braukaiser.com) es la siguiente:

ER = (0.1808*DI)+(0.8192*EA)

ER = Extracto Real
DI = Densidad Inicial
EA = Extracto Aparente

Ejemplo: si nuestro mosto tuvo una Densidad Inicial (antes de iniciar la fermentación) de 13.7°P y al terminar la fermentación medimos la densidad y el densímetro marca 2.6 °P, podemos saber cuál es la verdadera densidad final o Extracto Real de la forma siguiente:

ER = (0.1808*13.7)+(0.8192*2.6)
ER = 2.47 + 2.12
ER = 4.6 °P

Atenuación Real vs Atenuación aparente

De forma similar a la densidad o extracto, la atenuación también se presenta como Real y Aparente, tomando los datos calculados anteriormente.

La atenuación aparente es lo que los fabricantes usualmente van a anunciar en sus productos, pues es la más fácil de medir en casa. Por ejemplo, la atenuación oficial de la levadura Fermentis Safale US-05 es de 81%.

Esto significa que un mosto de 13.7 °P tendrá una densidad final de 2.6°P y lo podemos verificar con la fórmula siguiente:

Densidad Terminal Aparente teórica = Densidad Inicial * (1 - Atenuación)

DT = 13.7 * (1 - 0.81)  
DT = 13.7 * 0.19
DT = 2.6°P

Esto nos indica que la Atenuación Aparente de esta cerveza ha sido de 81% como lo indica el fabricante.

Ahora convertimos esto a Extracto Real, usando la fórmula anterior:

ER = (0.1808*13.7)+(0.8192*2.6)
ER = 2.47 + 2.13
ER = 4.6°P

Esto nos indica que la Atenuación Real de esta cerveza es de 66%, en contraste con el 81% aparente que el fabricante publica.

Por supuesto que en la vida real la Densidad Terminal de la cerveza dependerá de otros factores adicionales, pero tener la capacidad de realizar una predicción con un grado decente de certeza es algo invaluable para el cervecero y necesario para poder realizar cálculos.

Cálculos de Alcohol

Si conocemos la Densidad Inicial y la Densidad Terminal REAL de una cerveza, podemos calcular su nivel de alcohol fácilmente utilizando la fórmula del alcohol por peso de la manera siguiente:

ABW = (DI - ER) / (2.0665 - (1.0665 * DI / 100)

ABW = Alcohol por peso
DI = Densidad Inicial
ER = Extracto Real

De esta forma, para el ejemplo anterior, podemos calcular nuestro ABW de la siguiente forma:

ABW = (13.7 - 4.6) / (2.0665 - (1.0665 * 13.7 / 100)
ABW = 9.1 / (2.0665 - 0.146)
ABW = 9.1 / 1.92
ABW = 4.7%

El alcohol por peso, también expresado como ABW (alcohol by weight) puede no resultar familiar porque las cervezas comerciales indican el Alcohol por Volumen o ABV (alcohol by volume), pero para convertir el ABW a ABV simplemente multiplicamos por 1.25.

Por lo tanto, en el ejemplo anterior, para conocer nuestro nivel teórico de Alcohol por Volumen, simplemente hacemos lo siguiente:

ABV = ABW * 1.25
ABV = 4.6 * 1.25
ABV = 5.9%

Hoja de Cálculos


A continuación se presenta una hoja de cálculo para hacernos la vida más fácil, pues aunque es importante conocer de dónde vienen los datos, no queremos hacer los cálculos a mano cada vez que los necesitemos.


Alternativa simplificada

Existe una forma alternativa simple pero no tan exacta de calcular el alcohol por volumen de una cerveza utilizando la densidad expresada en Densidad Específica y utiliza la fórmula siguiente:

ABV = (Densidad Inicial - Densidad terminal aparente) * 131.25
ABV = (1.056 - 1.010) * 131.25
ABV = 0.046 * 131.25
ABV = 6%

Como podemos observar, el cálculo es similar al realizado con la fórmula más exacta expresada anteriormente, pero tenemos el inconveniente de que esta forma de calcular solo se aproxima a la realidad en cervezas de entre 3.5% y 7.5% de ABV. Para cervezas fuera de este rango el error aumentará, pero para un cervecero casero puede resultar útil conocer esta forma de hacer cálculos rápidos.

Ahora estamos armados con los conocimientos necesarios para calcular el alcohol en nuestras cervezas y lo único que nos falta es continuar practicando para que nuestras cervezas sean de calidad mundial.

¡Saludos y salud!

21 agosto, 2020

Nociones básicas para fermentar nuestras primeras cervezas


La etapa de fermentación es la más olvidada por los cerveceros caseros porque se tiene la mentalidad de que no hay nada que se pueda hacer por la cerveza y todo lo que podemos hacer es esperar. Esta afirmación tiene cierto grado de validez en los primeros niveles de la elaboración de cerveza, pero no por esto debemos ignorarla por completo.

Primero debemos partir desde la pregunta: ¿Qué es fermentación y por qué es importante?

Cuando hacemos cerveza, básicamente extraemos muchos azúcares del grano o extracto de malta y creamos un líquido altamente concentrado llamado "mosto".

La fermentación es el proceso por medio del cual la levadura que agregamos a la cerveza convierte los azúcares de este mosto en dos cosas que nos interesan: alcohol y dióxido de carbono.

Los procesos específicos por medio de los cuales esto sucede serán tratados en entradas futuras, por el momento es suficiente con que sepamos que suceden.

La fermentación es lo que le imparte a nuestra cerveza el alcohol y algunos sabores y aromas que varían dependiendo del tipo de levadura que utilicemos, por ejemplo, algunas levaduras nos aportan aromas a especias y frutas, mientras otras son más neutras y casi no aportan sabores.

Fases de Fermentación:

La fermentación de nuestro mosto tiene varias etapas que debemos conocer para evitar entrar en pánico cuando veamos cambios en el comportamiento de la cerveza: 
  • Tiempo de retardo (lag time)
  • Fase de atenuación o fermentación primaria
  • Fase de acondicionamiento o fermentación secundaria

Tiempo de retraso:

La primera fase comienza desde el momento que colocamos la levadura en el mosto y dejamos que se mezcle.
El tiempo de retardo o etapa de adaptación es el tiempo que le toma a la levadura acostumbrarse a su nuevo ambiente. La levadura que normalmente utilizamos está en un estado de hibernación y cuando la agregamos al mosto hacemos que se reactive. Si deseamos antropomorfizarla podemos decir que la estamos despertando y tenemos que esperar a que se sienta lo suficientemente cómoda para empezar a hacer su trabajo.

Esto significa que no debemos esperar que las cosas sucedan inmediatamente después de haber agregado la levadura, como nuestro compañero José Moreira muy bien lo puso en una entrada anterior, la paciencia es una parte crítica de este pasatiempo.

Exactamente cuánto tiempo toma es imposible de predecir a éstos niveles, pero puede ser cualquier cantidad de tiempo entre 6 horas a 3 días, dependiendo de las condiciones de la levadura.

La forma en la que se mide sin ningún tipo de instrumento es viendo la actividad de nuestro airlock o nuestra manguera. Si podemos observar burbujas, significa que la levadura ya está activa y está comenzando a hacer su trabajo, por  lo que pasamos a la siguiente fase.

Fase de atenuación o fermentación primaria:

Se le llama atenuación a la acción de la levadura de convertir los azúcares del mosto en alcohol y dióxido de carbono. Sin embargo, la levadura de cerveza casi nunca tiene la capacidad de convertir todos los azúcares en ambos subproductos, dejando un remanente en la cerveza que nosotros percibimos como cuerpo. 

Cada cepa de levadura tiene una atenuación promedio que viene indicada en el sobre, pero por el momento, como no estamos midiendo las densidades, es suficiente saber que es una propiedad de las levaduras.

El momento en el que esta fase comienza se puede medir cuando las burbujas comienzan a salir del airlock o manguera. Esto significa que ya comenzó la conversión y que la cerveza está fermentando correctamente. Sin embargo, la ausencia de burbujas no necesariamente significa que la cerveza no está fermentando.

Debemos entender que solamente si nuestro fermentador es perfectamente hermético vamos a poder apreciar las burbujas y vamos a poder asegurar que nuestra cerveza no se contamine, por lo que elegir el recipiente correcto es crítico para esta etapa, pero vamos a continuar suponiendo que todo funciona correctamente y que no tenemos fuga de gas en otro lugar que no sea el airlock.

La duración de esta etapa también es variable y depende de varios factores, como la temperatura del ambiente donde se está fermentando, la densidad del mosto y las condiciones en las que la levadura se mantuvo.

Podemos decir que en promedio esta fase toma entre 3 a 7 días para la mayoría de cervezas. Las cervezas con más contenido de alcohol pueden tardar más tiempo en esta etapa de la fermentación, pues las levaduras tienen más trabajo que realizar. 

Durante este período es normal que la cerveza tenga tanta actividad que se crea una especie de nata en la parte superior del líquido y que el volumen aumente hasta en un 25%, por esta razón no debemos llenar los fermentadores hasta el tope, pues corremos el riesgo de que la cerveza se salga por el airlock y lo tape. A este residuo se le conoce como "Krausen" y es algo que se observa en todas las fermentaciones de este tipo, por lo que no debe preocuparnos. Sin embargo, si el airlock se llega a tapar  corremos el riesgo de que se presurice a tal punto que la tapa salga volando mientras no estamos poniendo atención y sin esta protección la cerveza seguramente se contaminará.






Es importante comprender que el espacio muerto dentro del fermentador, es decir, el espacio donde no hay líquido y por lo tanto está lleno de gas, es un factor determinante para la cantidad de burbujas que se producen y la frecuencia del burbujeo del fermentador (mientras más espacio haya, más tiempo tomará para que aparezcan las burbujas), por esta razón es importante aclarar que la fermentación NO SE MIDE POR LAS BURBUJAS QUE PRODUCE EL AIRLOCK.

Esto es algo en lo que vale la pena hacer hincapié porque una de las preguntas más frecuentes en foros de cerveceros principiantes es: "Mi cerveza solo lleva 3 días y ya no tiene burbujas, ¿Es normal?".

Por esta razón, si el burbujeo ha terminado y creen que ha sido muy pronto, tengan paciencia y esperen el tiempo recomendado, pues es poco probable que la cerveza haya tenido algún problema y si así lo fuera, aún no tenemos las herramientas para diagnosticarla, por lo que lo mejor es proceder normalmente.

A nivel principiante no contamos con herramientas para monitorear la actividad de la fermentación, por lo que lo único que podemos hacer es esperar, pero ¿cuánto tiempo?

Es mucho más dañino para nuestra cerveza sacarla antes de tiempo que darle más tiempo de lo normal, por lo que debemos ser cuidadosos con no desesperarnos. 

Mi recomendación es dejar que la cerveza fermente por lo menos por 7 días. Esto significa que en el peor de los casos, ya llevamos 3 días de la fase de adaptación y 7 días de la fase de fermentación primaria, por lo que la cerveza a estas alturas ya lleva 10 días de haber entrado al fermentador.

Fase de acondicionamiento o fermentación secundaria:

Debo confesar que no soy fanático del término "fermentación secundaria" pues esto pareciera dar a entender que existe otra fermentación cuando en realidad lo que la levadura hace es un acondicionamiento o una limpieza.

Para ser más exactos, en esta etapa la levadura ya ha consumido todos los azúcares que le era posible, por lo que cambia su enfoque y comienza a procesar otros compuestos y los convierte en subproductos que son parte del perfil de sabor de cada cepa. 

Los compuestos que procesa son parte normal del proceso de fermentación, pero no son agradables para el consumo humano pues aportan aromas y sabores que muchas veces están fuera de lo que deseamos, como manzana verde o mantequilla (acetaldehído y diacetilo).

La buena noticia es que la levadura misma se encarga de "limpiar" la cerveza removiendo estos compuestos y haciendo que el producto terminado sea el que nosotros queremos.

El tiempo que esto toma es también dependiente de la levadura, pero bajo condiciones normales es entre 2 a 5 días después que la fermentación primaria haya concluido.

Esto significa que si la levadura tomó 3 días en pasar la fase de adaptación, 7 días en pasar la fase de atenuación y 5 días en pasar la fase de acondicionamiento, entonces ya deberían haber pasado en total unos 15 días desde que metimos nuestra cerveza al fermentador.

Todo esto presupone que nuestra cerveza ha estado en un ambiente donde la temperatura no fluctúa mucho y está dentro del rango de fermentación recomendado por el fabricante. Por lo general las levaduras tipo Ale deberían fermentar entre 16°C a 25°C pero lo más recomendable es que estén en un lugar entre 18° a 20°C.

Fermentar a temperaturas muy altas provocará sabores pesados a alcohol y otros subproductos menos agradables en nuestras cervezas.

Una característica de la levadura es que cuando está trabajando se encuentra en suspensión por todo el líquido, por lo que si tenemos un recipiente transparente podremos incluso ver el movimiento de pedazos viajando hacia arriba y hacia abajo haciendo que la cerveza se vea extremadamente turbia.

Si nos tomamos el tiempo de ver todos los días nuestra cerveza podremos apreciar que para el final de los 15 días, la levadura que ya haya terminado su trabajo se sedimentará en el fondo del recipiente, formando una capa.

Esto provoca una mayor claridad en la cerveza que también es algo deseable pues la mayoría de estilos no son turbios.

Después de la fermentación, la cerveza se aclara sola


Si notamos que al final de los 15 días la cerveza no está nada clara, podemos esperar otros 7 días antes de pasar a la siguiente etapa, si la cerveza nos parece lo suficientemente clara y no vemos actividad alguna, entonces podemos continuar de forma inmediata. 

En resumen, el proceso completo de fermentación sucede entre 2 a 3 semanas, después de las cuales la cerveza estará lista para ser embotellada y carbonatada, el cual es el siguiente paso de nuestro proceso y lo trataremos en una entrada aparte.

Este es el tiempo mínimo en el que la cerveza debe estar en el fermentador, pero también existe un límite máximo en donde comenzarán a surgir sabores que no queremos debido al contacto prolongado con levadura inactiva. Para efectos de nuestros primeros lotes, solamente debemos tener el cuidado de no dejar nuestras cervezas nunca por más de 4 semanas en el fermentador, idealmente debemos sacarlas a las 3 semanas y continuar el proceso. Podemos, sin embargo, transferir la cerveza a otro recipiente en donde ya no se encuentre la levadura, pero esta técnica será considerada como intermedia, y como tal, será tratada en entradas futuras.

Así entonces, mientras la etapa de fermentación no es algo en donde tengamos que interactuar con nuestra cerveza, es importante saber lo que está sucediendo para asegurarnos que todo va bien y poder tener la seguridad de nuestro producto va a ser de calidad.

¡Saludos y salud!

14 agosto, 2020

Haciendo Cerveza con el método BIAB (en una sola olla)


Como habíamos visto en la entrada sobre la fabricación del equipo, la forma más sencilla de comenzar a hacer cerveza, sin que ésta sea de extracto, es con el método BIAB (brew in a bag).

En esta forma de cocinar el mosto, solamente necesitamos una olla por lo que el equipo necesario para comenzar se hace mínimo y también los conocimientos para hacer un mosto de calidad.

El método tiene ciertas desventajas en cuanto a control y bajas eficiencias, pero eso no es algo que nos debe preocupar en nuestros primeros lotes, sin embargo, lo trataremos en entradas futuras y buscaremos alternativas para mejorar todos los aspectos de nuestra cerveza hasta que tengamos la capacidad de hacer cualquier receta que se nos venga a la mente.

El equipo necesario para hacer la cerveza lo tratamos en la entrada: Primer paso: Equipo

Los tres pasos para hacer cerveza son: cocinarla, fermentarla y embotellarla. En esta entrada vamos a tratar el primer paso.

El día anterior

Siempre es recomendable que al menos un día antes hagamos una lista de todas las cosas que necesitamos para no tener que salir corriendo a conseguirlas a media cocción.
También es recomendable repasar la receta y todos sus pasos para asegurarnos que tenemos todos los ingredientes y equipo necesarios para realizarla de principio a fin a cabalidad.

Cada quien puede crear una lista, pero este es un ejemplo de ella:
  • Olla de tamaño correcto y limpia
  • Recipiente calibrado para medir volumen de agua en litros
  • Bolsas de BIAB lista, limpia y sin agujeros
  • Receta en mano
  • Suficiente agua
  • Granos ya pesados y listos para moler (o ya molidos)
  • Lúpulos 
  • Levadura correcta (verificar fecha de vencimiento)
  • Otros ingredientes (especias, adjuntos, etc)
  • Hielo suficiente
  • Termómetro funcionando
  • Un lugar para el baño de hielo
  • Fermentador en buenas condiciones y limpio
  • Accesorios para fermentador en buenas condiciones y limpios
  • Espacio listo para recibir el fermentador por unas semanas

Receta

Al fin estamos listos para hacer cerveza después de unos días de estar juntando el equipo y los insumos, y estamos listos con todo el equipo ya limpio, ahora podemos comenzar.

¡El paso número uno es la receta! Como es nuestra primera vez todavía debemos buscar y seguir una receta. Mientas más sencilla sea mejor, pues no queremos complicarnos la vida con nuestra primera cerveza, solo queremos que nos salga algo tomable.

En este caso la cerveza más simple es una que se elabora con 1 solo tipo de malta y 1 solo tipo de lúpulo, también conocidas como SMASH (single malt single hop).

Esta es su primera receta, una SMASH para un lote de 15 litros utilizando el método BIAB:

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Mi Primera Pale Ale:

ABV: 5.6%
IBU: 20

Malta:
Pale Ale o 2-row: 4.5 kg (10 libras)

Lúpulo:
Cascade: 30 gramos (1 onza)

Levadura:
Safale US05: 1 sobre (11.5 gramos)

Volumen de agua para macerar:
23 litros

Temperatura Inicial del agua:
68.6°C

Temperatura de maceración:
65°C

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Esta receta usa los insumos más comunes y contiene todos los datos necesarios para comenzar a hacer nuestro mosto, así que arrancamos.

Paso número 1: Ingredientes


Lo primero que debemos hacer el día que vamos a hacer nuestra cerveza es asegurarnos de tener los ingredientes listos para usarse.

La malta debe estar bien pesada y se debe moler. Si no cuentan con molino, sugiero pedir al proveedor de malta que la muela o acercarse a algún amigo o cervecería artesanal de confianza para que se las muelan. Si tienen la malta molida de antemano, recomiendo que no pase más de 1 semana desde que la muelen hasta que la usen, siempre teniendo en cuenta que debe estar bien almacenada para evitar que le crezcan bichos que terminen arruinando todo.

El lúpulo lo pueden sacar del frío ese mismo día para que se encuentre a temperatura ambiente en el momento de su utilización. Lo mismo vale para la levadura, entonces vale la pena sacarlos al principio del día de la refrigeradora.

Paso número 2: calentar agua para macerar



Vamos a seguir nuestra receta y a medir exactamente 23 litros de agua y lo agregamos a nuestra olla, la cual ya se debe encontrar en el quemador u hornilla de suficiente tamaño para que no nos lleve todo el día calentarla.

La temperatura que debemos alcanzar es de 68.6°C según nuestra receta.

Mientras calentamos, debemos estar removiendo el agua con un cucharón y midiendo la temperatura para evitar pasarnos.

La meta es tener exactamente 23 litros de agua a una temperatura exacta de 68.6°C. Aquí es donde es importante nuestra disciplina, pues si nos alejamos mucho de éstos números la cerveza no va a ser la misma. Aquí es donde también se hace importante el uso de un termómetro apropiado para que las lecturas sean confiables.

Midiendo temperatura antes de agregar la malta


Como podemos ver en nuestro ejemplo, logramos una temperatura de 68.8°C, lo cual está muy cerca de los 68.6°C que buscamos. En este caso podemos mover un poco el agua hasta bajar a la temperatura exacta.

Paso número 3: macerado

Inmediatamente después de haber llegado a la temperatura de maceración (68.6°C) apagamos el fuego y comenzamos el proceso de macerado.

Lo primero es colocar la bolsa y asegurarla a modo que nos sea fácil agregar los granos.



Una vez asegurada la bolsa agregamos todo el grano MOLIDO dentro de nuestra bolsa lentamente y revolviendo de forma constante para evitar que se formen grumos. Todo el grano debe ser mojado completamente, pues si se nos forman bolas no vamos a poder acceder al interior de las mismas y la maceración no se realizará exitosamente.



La adición de los granos se debe hacer lo más rápido posible para evitar que perdamos mucha temperatura.

Una vez esté el grano completamente mojado, hacemos una rápida lectura de temperatura del grano y confirmamos que en efecto tenemos 65°C. Los cálculos de la temperatura toman en cuenta la temperatura ambiente lo cual es diferente en cada caso, pero si el resultado no fue lo esperado, debemos anotarlo y hacer los ajustes en nuestra siguiente cerveza. Por ejemplo, si la temperatura resultante fue de 64°C, la próxima vez usaremos 1°C más en nuestra agua inicial, en este caso serían 69.6°C.

Nuestro objetivo era 65°C y obtuvimos 65.1°C, este es un resultado excelente


Ahora debemos poner la tapa de la olla y podemos utilizar unas toallas o lo cualquier tela gruesa para mejorar la retención del calor.
Agregando una tela gruesa mantendremos nuestra temperatura por 1 hora

Vamos a contar 60 minutos desde el momento en que terminamos de remover los granos hasta que damos por concluido el proceso de maceración.

Al finalizar el proceso, podemos tomar nuevamente la temperatura para tener una idea de cuántos grados perdemos en el transcurso de 1 hora.

En este caso, la temperatura final fue de 63.5° por lo que perdimos 1.5° en una hora, lo cual entra en el rango de lo normal, pero podemos utilizar más tela o toallas en la siguiente cerveza para minimizar ésta pérdida.


Paso número 4: Extracción del grano

Cuando hayan transcurrido los 60 minutos del macerado, destapamos nuestra olla y con mucho cuidado de que los granos no salgan de la bolsa, debemos cerrarla y removerla del líquido.

Hay varias consideraciones en este paso que debemos tener en cuenta:
  • Debemos sostener la bolsa sobre el líquido un par de minutos para permitir que la mayoría caiga a la olla y no se quede atrapado en el grano, pues sería un gran desperdicio de azúcares.
  • No debemos exprimir la bolsa, es suficiente con que la gravedad haga todo el trabajo pues podríamos extraer compuestos que no queremos presentes en nuestra cerveza.
  • Debemos recordar que el líquido está caliente por lo que el uso de guantes de cocina es una buena idea o podemos apoyar la bolsa en un colador mientras esperamos que se drene por completo.
  • Se debe considerar el peso de toda la bolsa, por lo que tener la ayuda de otra persona puede ser una buena idea si lo creen necesario.
  • Deben tener a mano una cubeta o estar cerca de un lava manos o lava trastos para evitar que caiga mosto dulce por todos lados, así se ahorran la limpieza que puede ser engorrosa.

Paso número 5: hervido

Una vez removida la bolsa de granos, vamos a quedarnos con un volumen de alrededor de 18.5 litros de mosto caliente en nuestra olla, ahora es momento ponerle fuego nuevamente hasta que comience a hervir.

Antes de llegar a la temperatura de ebullición nuestro mosto comenzará a mostrar una capa de espuma en la parte superior. Esto es normal y no es necesario removerla. Esta es nuestra señal de que debemos estar atentos, pues en el momento que la ebullición comience, el mosto va a aumentar de volumen en la misma forma en la que lo hace la leche y, si no estamos atentos, corremos el riesgo de que se rebalse. Si esto sucede podemos bajarle el fuego para hacer que la ebullición se estabilice.



Cuando el mosto esté hirviendo de forma estable y ya no se salga de la olla, podemos hacer nuestra adición de lúpulo.



El lúpulo se agrega lentamente para que el mosto no vuelva a subir y una vez se haya terminado de agregar se debe comenzar a contar 60 minutos.

Vamos a hervir por un total de 60 minutos y al terminar este tiempo podemos apagar el fuego.

Paso número 6: enfriamiento

Al apagar el fuego debemos mover nuestra olla a un lugar donde podamos ponerla en un baño de agua con hielo, lo suficiente para que baje la temperatura hasta alcanzar temperatura ambiente lo más rápido posible.
Podemos usar agua a temperatura ambiente para realizar un baño por 10 minutos, luego cambiarla por más agua a temperatura ambiente por otros 10 minutos. Finalmente reemplazamos el agua por un baño de agua con mucho hielo, de esta forma aceleramos el enfriamiento, que no debería tomar mucho más tiempo en hacer que nuestro mosto llegue a temperatura ambiente.



Paso número 7: transferencia a fermentador

Mientras nuestro mosto está hirviendo podemos aprovechar el tiempo para desinfectar el fermentador y asegurarnos de que pueda recibirlo sin crear ningún tipo de contaminación.

Para ésto necesitamos un desinfectante de grado alimenticio que no contenga cloro, lo mejor es utilizar algo específicamente diseñado para cerveza. El desinfectante más utilizado por cerveceros caseros  es Star San, sin embargo, recomiendo fuertemente buscar opciones locales, pues usualmente las empresas que fabrican químicos para la industria de alimentos tienen este tipo de desinfectantes y algunas ya fabrican alternativas para cerveceros caseros. En el caso de este lote, estamos utilizando un desinfectante de venta local que no requiere enjuague y actúa en 3 minutos de contacto.

Para usar el desinfectante debemos seguir las instrucciones del fabricante, en este caso, el producto nos indica que debemos diluir 20 ml del producto en 1 litro de agua purificada.

Otra alternativa de desinfectante es utilizar Alcohol Isopropílico al 70%, ésto es más fácil de conseguir pero debemos tener mucho cuidado de dejar que todo el alcohol se escurra bien antes de transferir la cerveza porque puede interferir con el sabor de la cerveza.

En una entrada futura vamos a tratar específicamente sobre los químicos de limpieza y desinfección que podemos utilizar.

Cualquiera que sea el desinfectante que utilicemos, debemos asegurarnos de seguir las instrucciones de uso y el tiempo de contacto. Lo mejor es hacer medio litro o un litro de solución desinfectante y mover dicha solución por todos la superficie de nuestro fermentador, asegurándonos de que todas las superficies han tocado el desinfectante. Debemos hacer esto por lo menos por el tiempo que el producto indique como tiempo de contacto. 

 

Con Star San no debemos preocuparnos si queda un poco de espuma en el recipiente, pero con los demás es mejor dejarlos escurrir por unos minutos. 

Los desinfectantes "sin enjuague" son los mejores en estos casos, pues enjuagar el fermentador y accesorios con agua incrementa el riesgo de volver a contaminarlos.

Al finalizar la desinfección del fermentador, recuperamos el desinfectante para usarlo en nuestro embudo, airlock y tapón, que también van a necesitar ser desinfectados.


Una vez tengamos el fermentador y sus accesorios correctamente desinfectados y el mosto se encuentre a temperatura ambiente, podemos proceder a la transferencia.

La olla llena de mosto puede representar un reto de manipular, por lo que podemos llamar a alguien que nos ayude con ella, pues puede llegar a pesar alrededor de 25kg o 55 libras.

Esta olla tiene una válvula, pero fines motivos ilustrativos no se utilizó


Al transferir debemos intentar que los sólidos queden en la olla, pues no los queremos en nuestro fermentador. Estos sólidos los podemos medir para saber nuestra pérdida por sólidos y equipos. En este caso específico, fueron 2 litros, pero habíamos calculado solamente 1, por lo que tendremos menos cerveza en nuestro fermentador, pero podemos utilizar ésta información para el siguiente lote.

Cuando todo el mosto se encuentre en los dos recipientes, vamos a agregar la mitad del sobre de levadura a cada uno, colocar el airlock con el tapón y asegurarnos que tenga la cantidad indicada de líquido. El líquido para el airlock debe ser la misma solución de desinfectante que se utilizó para el recipiente.



Ahora nos queda mover el fermentador a un lugar donde la temperatura se mantenga entre 18° y 25°. Debemos tomar en cuenta que esa es la temperatura ideal de fermentación y si nos pasamos o no llegamos, la cerveza se verá afectada. 

También es importante que nuestro fermentador no sea expuesto directamente al sol, no solamente porque lo calentará sino porque la luz solar puede generar aromas desagradables a la cerveza.

Esto finaliza el día y ahora pasamos a la etapa de fermentación, que trataremos en la siguiente entrada.

Por el momento lo mejor es relajarnos y disfrutar de una buena cerveza mientras apreciamos nuestra creación y nuestro nuevo súper poder de convertir el agua en cerveza!


Saludos y.... ¡Salud!




..... extra:

La cerveza fue todo un éxito y terminó exactamente como se planificó. Aunque la densidad no ha sido todavía una parte del proceso porque la estamos haciendo sin instrumentos de medición, sabemos de entradas anteriores que habíamos calculado 13.7°P y nuestra cerveza terminó en el punto exacto.



Esto es un ejemplo de que si controlamos nuestras variables y sabemos realizar los cálculos, la cerveza deberá dar siempre resultados predecibles.